18 de agosto 2004 - 00:00
EE.UU.: film con tiburones genera un fenómeno inusual
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Daniel Travis y Blanchard Ryan en «Aguas abiertas». En la película, casi casera, todos los tiburones son auténticos. El libro se inspiró en un caso real de una pareja olvidada en el mar en una excursión de buceo en 1998.
• Abandono
La película asume el punto de vista de la pareja protagónica y, coinciden los especialistas, logra transmitir como ningún film de terror lo ha hecho el espanto de la situación. «Es un error decir que ésta es la versión amateur de 'Tiburón' de Spielberg», escribió «The Chicago Sun Times». «'Aguas abiertas' no es un film que asuste por el horror de los tiburones, o que especule con su suspenso. Por el contrario, tal vez sin proponérselo, el director ha logrado calar más hondo en uno de los miedos más profundos e infantiles del ser humano: el de ser abandonado, el de que la vida continúe con toda normalidad, muy lejos de donde estamos, mientras nos estamos muriendo. Ese es el enorme mérito del film, y el espectador lo percibe, y lo sufre».
El libro también expone, de manera más descarnada por lo extremo de la situación, un conflicto de pareja: primero los reproches («¿por qué tuvimos que venir a hacer esto si podíamos haber disfrutado de una luna de miel más pacífica?»), luego la reconciliación en la angustia, más tarde la desesperación que vuelve a separarlos, cuando todo indica que nadie, por muchas horas, sabrá que ellos están perdidos en el océano: la empresa de turismo los olvidó, están a miles de kilómetros de sus familiares, en el hotel tampoco se preocuparán si no regresan esa noche.
Los antecentes del director Kentis son publicitarios, y este es su segundo largometraje. La trágica historia del matrimonio Lonergan lo impresionó doblemente porque tanto él como su esposa son también aficionados al scuba diving y al buceo.Hizo varios cortometrajes, en el pasado, a partir de sus exploraciones submarinas.
Rodada en las Bahamas, «Aguas abiertas» inició su filmación por la parte más comprometida, la de los tiburones. El equipo contrató veteranos expertos, que se encargaron de todos los recaudos. Atraían a los tiburones con grandes pedazos de atún crudo. «Ya el primer día había como 40 tiburones grises», dijo en una entrevista la actriz Ryan. «Cuando debí arrojarme al agua sólo pensé esto: no puedo acobardarme, porque sé que Chris Kentis ha puesto todos los dólares de su bolsillo. No debo estropearle esta inversión». Sin embargo, al término de la primera toma sufrió un ataque de pánico. La única manera de continuar filmando fue que primero se sumergiera su compañero, para demostrarle que no iban a ser pasto de tiburones.



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