18 de agosto 2004 - 00:00

EE.UU.: film con tiburones genera un fenómeno inusual

Daniel Travis y Blanchard Ryan en «Aguas abiertas». En la película, casi casera, todos los tiburones son auténticos. El libro se inspiró en un caso real de una pareja olvidada en el mar en una excursión de buceo en 1998.
Daniel Travis y Blanchard Ryan en «Aguas abiertas». En la película, casi casera, todos los tiburones son auténticos. El libro se inspiró en un caso real de una pareja olvidada en el mar en una excursión de buceo en 1998.
Los Angeles (Especial) - El 25 de enero de 1998, la joven pareja norteamericana de Tom y Eileen Lonergan festejaba su luna de miel en Australia. Elieen, antes del viaje, había tomado clases de scuba diving, y convenció a su esposo para que ambos hicieran una excursión de buceo en la Gran Barrera de Coral, una de las atracciones de la región. Así lo hicieron, en un bote con instructor, especialmente destinado a turistas inexpertos.

Tras 40 minutos de buceo, el encargado de la excursión llamó a los turistas a regresar a bordo. Eran alrededor de 30, a los que el hombre fue contando a medida que subían. Pero cometió un error fatal: contó dos veces a una misma pareja, y así, cuando alcanzó el número que figuraba en la lista, dio la orden de emprender el regreso. Tom y Eileen quedaron olvidados en medio del mar, en zona de tiburones. Sus cuerpos nunca fueron encontrados.

El caso, que tuvo amplia repercusión periodística en su momento (y que le costó la cárcel, por negligencia culposa, a varios responsables de la empresa de excursiones de buceo), hoy habría quedado en el olvido si no fuera porque esa historia fue recuperada por el cine, y convertida además en uno de los más resonantes fenómenos de taquilla que obtiene una película barata, independiente y sin actores ni director conocidos.

La película se llama en inglés «Open Water» («Aguas abiertas»), y sólo costó 120.000 dólares. Después de su resonante éxito en el Festival de Sundance a principios de este año, fue adquirida por la distribuidora LionsGate en dos millones y medio de dólares, y en su primera semana de estreno (limitado) en los EE.UU. ya superó el millón de dólares de recaudación. El estreno limitado, que ocurrió la semana pasada, es el lanzamiento en algunas pocas salas de cine en las ciudades principales. Se estima que luego de su estreno nacional la recaudación podría superar los 100 millones de dólares.

El director y guionista Chris Kentis y la productora Laura Lau, acompañados por un ayudante, el capitán de un barco y los dos protagonistas del film, Daniel Travis y Blanchard Ryan, formaron todo el equipo de «Open Water». Ellos y cuarenta tiburones, ya que durante la filmación no hubo trucos: no sólo porque no había dinero para producir un tiburón artificial al estilo Spielberg, sino porque la intención del director era el extremo realismo. La pareja de actores debió utilizar una malla metálica resistente para soportar algún eventual ataque, aunque la actriz Ryan, el primer día de rodaje, fue alcanzada por una barracuda.

La prensa norteamericana, en un primer momento, comparó el fenómeno de «Aguas abiertas» con el de «El proyecto de la bruja Blair» (también realizada cámara en mano, en video digital, con muy poco dinero y generadora de fortunas), aunque los símiles terminan allí. «Es como la bruja Blair», agregó otro medio, «aunque con un objeto real, los tiburones, y no fantasioso».

• Abandono

La película asume el punto de vista de la pareja protagónica y, coinciden los especialistas, logra transmitir como ningún film de terror lo ha hecho el espanto de la situación. «Es un error decir que ésta es la versión amateur de 'Tiburón' de Spielberg», escribió «The Chicago Sun Times». «'Aguas abiertas' no es un film que asuste por el horror de los tiburones, o que especule con su suspenso. Por el contrario, tal vez sin proponérselo, el director ha logrado calar más hondo en uno de los miedos más profundos e infantiles del ser humano: el de ser abandonado, el de que la vida continúe con toda normalidad, muy lejos de donde estamos, mientras nos estamos muriendo. Ese es el enorme mérito del film, y el espectador lo percibe, y lo sufre».

El libro también expone, de manera más descarnada por lo extremo de la situación, un conflicto de pareja: primero los reproches («¿por qué tuvimos que venir a hacer esto si podíamos haber disfrutado de una luna de miel más pacífica?»), luego la reconciliación en la angustia, más tarde la desesperación que vuelve a separarlos, cuando todo indica que nadie, por muchas horas, sabrá que ellos están perdidos en el océano: la empresa de turismo los olvidó, están a miles de kilómetros de sus familiares, en el hotel tampoco se preocuparán si no regresan esa noche.

Los antecentes del director
Kentis son publicitarios, y este es su segundo largometraje. La trágica historia del matrimonio Lonergan lo impresionó doblemente porque tanto él como su esposa son también aficionados al scuba diving y al buceo.Hizo varios cortometrajes, en el pasado, a partir de sus exploraciones submarinas.

Rodada en las Bahamas,
«Aguas abiertas» inició su filmación por la parte más comprometida, la de los tiburones. El equipo contrató veteranos expertos, que se encargaron de todos los recaudos. Atraían a los tiburones con grandes pedazos de atún crudo. «Ya el primer día había como 40 tiburones grises», dijo en una entrevista la actriz Ryan. «Cuando debí arrojarme al agua sólo pensé esto: no puedo acobardarme, porque sé que Chris Kentis ha puesto todos los dólares de su bolsillo. No debo estropearle esta inversión». Sin embargo, al término de la primera toma sufrió un ataque de pánico. La única manera de continuar filmando fue que primero se sumergiera su compañero, para demostrarle que no iban a ser pasto de tiburones.

Dejá tu comentario

Te puede interesar