7 de diciembre 2004 - 00:00

EE.UU.: juicio escándalo a ex presidente de Disney

Michael Ovitz: de agente top al banquillo de los acusados. El escándalo comprometió al actual presidente Michael Eisner, que dejaría su cargo en junio de 2005.
Michael Ovitz: de agente top al banquillo de los acusados. El escándalo comprometió al actual presidente Michael Eisner, que dejaría su cargo en junio de 2005.
Los Angeles (especial) - Desde fines de octubre, la compañía Walt Disney está ofreciendo un nuevo show en los Estados Unidos, pero esta vez judicial. El gigante del entretenimiento está en llamas desde que un importante grupo de accionistas, que tiene de su lado a un grupo de ejecutivos disidentes (entre ellos, el propio sobrino de su fundador, Roy Disney) demandó al ex presidente de la firma, Michael Ovitz, a quien le piden que devuelva la suma de 140 millones de dólares, más gastos (lo que da un monto de más de u$s 200 millones), que cobró como indemnización cuando dejó su cargo tras una mala gestión.

Los demandantes sostienen que tal pago fue totalmente injusto en vistas a la pésima evolución en bolsa de Disney, derivada de los malos resultados, y que Ovitz debió haber sido despedido «con causa justificada». También responsabilizan a su actual director, Michael Eisner, a quien acusan de haber dilapidado los recursos de la empresa para premiar a su amigo.

La contratación de Ovitz, un poderoso representante de Hollywood, fue cuestionada desde un primer momento por muchos en la empresa. La demanda se remonta a 1997, y el juicio está teniendo lugar en el estado de Delaware, donde está registrada la compañía Walt Disney como sociedad anónima. La justicia local había intentado, hasta este año, no involucrarse en los problemas de la empresa; sin embargo, en mayo pasado el juez William Chandler aceptó la demanda interpuesta por los accionistas.

Ovitz
es el cofundador de «Creative Artists Agency», una de las agencias de talentos más importante en la industria del espectáculo y que floreció en los años 80, cuando conoció a Eisner, quien más tarde lo convocó para guiar los destinos de la Disney. La retribución que ahora reclaman los accionistas de 200 millones de dólares considera pérdidas y punitorios.

El viernes pasado, sin embargo, los directivos disidentes Roy Disney y Stanley Gold declararon que ya no seguirán tratando de que caiga la cúpula actual de la empresa, como era su intención inicial. En una carta dirigida a los accionistas, Disney y Gold dijeron que confiaban en la «bona fide» de Eisner, quien seguramente dará «un paso al costado» en junio próximo, cuando se deba elegir a las nuevas autoridades de la empresa. « Confiamos en que los accionistas entenderán estas razones. No tiene sentido precipitar la situación ahora cuando los cambios que tendrá la empresa están tan cercanos», dijeron.

En esta decisión influye, desde luego, la situación actual de la Disney, muy distinta de la que venía atravesando desde principios de esta década. Actualmente, con películas como «Los increíbles» o «Tesoro nacional», Disney ha vuelto a encabezar el top ten de la taquilla cinematográfica, y algunos de sus productos para televisión, como la serie «Amas de casa desesperadas», gozan de muy buen rating.

«Como el resto de los accionistas, estamos felices por estos rendimientos de la empresa»,
escribieron Gold y Roy Disney a los accionistas demandantes. «Sin embargo, las ganancias de la firma recién empiezan a aproximarse a las que se alcanzaron en 1997. Del mismo modo, la situación de Disney en la bolsa aún está lejos de asemejarse a la óptima que tuvo algunos años atrás», concluyeron.

Mientras tanto, durante el juicio a Ovitz, continuán escuchándose argumentos legales que mueven a risa a gran parte de la opinión pública norteamericana, algo que motivó nada menos que Woody Allen volviera a publicar un artículo satírico en «The New Yorker», el medio donde el director de «Manhattan» se inició con artículos satíricos casi 40 años atrás (ver vinculada).

Sanford M. Litvack
, ex representante legal en tiempos de Ovitz, fue llamado como testigo por los accionistas demandates, y en su testimonio dijo que los regalos carísimos con los que Ovitz solía gratificar a algunos de sus clientes, como los seis caballos de raza que obsequió a agentes de la empresa que él fundó, la CAA, «eran una política normal en la compañía».

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