7 de diciembre 2001 - 00:00
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Lou Reed
Desde hace poco más de una década, el líder de The Velvet Underground se transformó en una eminencia de la vanguardia neoyorquina, y como tal puede intentar este tipo de proezas prohibidas desde los tiempos de las operas rock y las obras conceptuales. «No esperen algo lindo», explicó Reed en las entrevistas anteriores al estreno de «POEtry» -uno de los temas principales de su site oficial en la web-, «estamos hablando de Poe, no de cosas que le pasan por la cabeza al vecino».
Es probable que la imagen de fin de siglo de Lou Reed haya provocado las aclaraciones de un cronista de «The New York Times» acerca que «el espectáculo de Reed y Wilson, a pesar de adaptar clásicos macabros como 'El tonel de amontillado' o 'La caída de la casa Usher', no llega a asustar». El músico de rock no tiene más remedio que pasarse dando excusas y el casi sexagenario Reed terminó dando explicaciones acerca de que haber hecho letras sobre gente perversa y autodestructiva no debería parecer raro si se tiene en cuenta que estos personajes han sido siempre los que más interesaron a los grandes dramaturgos y novelistas desde muchos siglos atrás.
Lo que sí tuvo más sentido de su presentación de «POEtry» es su tesis acerca del carácter moderno de la obra de Poe: «Es tan contemporáneo que en un punto se lo podría imaginar salido de un 'cartoon', partiendo ya desde su difusión masiva a través de las películas de Roger Corman» (los films clase B que protagonizaba Vincent Price, alimentando cines de barrio y matinés televisivas en todo el mundo). «Al trabajar sobre sus cuentos, lo que más me atrapó fue su vocabulario: me pasé horas con un diccionario tratando de darle sentido a palabras que el usaba más por su textura que por su sentido».
Lo que seguramente olvidará por completo el público políticamente correcto y snob que idolatra al Lou Reed de la última década es que hace dos décadas este viejo rocker ya había participado en un experimento sobre literatura fantástica: «Music for the Elder», el disco de Kiss de 1981 amoldaba ideas e imágenes de los mitos del Cthulhu de H.P. Lovecraft al formato de canciones heavy de los chicos pintarrajeados (para muchos el disco en cuestión es tan innombrable como el Nyarlatopeh y los demás seres del ominoso universo lovecraftiano). Luego de esta colaboración con Kiss, no llama la atención que para el disco de «POEtry», Lou Reed no haya resistido la tentación de llamar a colegas como David Bowie y Ornette Coleman, además de actores de la talla de Steve Buscemi y Willem Dafoe.
Y sólo algún musicólogo trasnochado que haya perdido todo temor al ridículo se atreverá a mencionar el primer disco de The Alan Parson Project, «Tales of Mistery and Imagination», vetusta obra conceptual de 1976 en la que el ex ingeniero de sonido de Pink Floyd condensaba al formato de pop progresivo -pero no mucho- los cuentos más famosos de Edgar Allan Poe.
Lo que nadie le puede quitar a Reed es la sardónica campaña publicitaria con la que se anunció el proyecto en los Estados Unidos algunos meses atrás. «No estoy muerto», tuvo que decir el músico para apagar curiosos rumores que indicaban su deceso. Cuando su publicista confirmó que lo que el no-muerto Reed afirmaba era completamente cierto, de paso confirmó el estreno de «POEtry».
Ni a directores de terror clase B como Corman o William Castle se les hubiera ocurrido una manera mejor de marketinear la cruza entre «White Light/White Heat» con «El Corazón Delator».




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