Las contorsionistas mongolesas del Cirque du Soleil que, como diría Raúl González Tuñón, "no deben tener esqueleto."
«Alegría» por el Cirque du Soleil. Guía y fundador: G. Laliberté. Dir. de creación: G.Ste-Croix. Dir. Art. Gral.: S. Galarneau. Puesta en esc.: F. Dragone. Mús.: R.Dupéré. Vest.: D.Lemieux. Esc.: M. Crête. Coreog.: D.Brown. Dis.Ilum.: L. Lafortune. (Costanera Sur-Av.España 2230.)
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"Alegría" es el espectáculo del Cirque du Soleil de mayor fama mundial. Desde 1994 se presentó en 65 ciudades, de 17 países, por lo que se calcula que fue visto por más de 10 millones de espectadores. Esta popularidad se vio incrementada por la seductora partitura de René Dupéré, que con su mezcla de jazz, pop, tango y klezmer ( música judía de Europa Oriental) se convirtió en el gran hit musical de la compañía.
Dos años después de haber presentado en Buenos Aires «Saltimbanco» (creado en 1992), la companía canadiense volvió a deslumbrar con la audacia y perfección de sus destrezas circenses. En comparación con su espectáculo anterior, que se desarrollaba en una carpa a rayas azules y amarillas e incluía números coloridos y de espíritu lúdico, «Alegría» tiene una atmósfera elegante y cortesana. Esta vez la carpa es blanca y en el escenario predominan los colores pálidos, las pelucas níveas y ensortijadas, ciertos elementos de vestuario relacionados con las aves y otros detalles ornamentales inspirados en el estilo «rococó». Por la escena circulan personajes que parecen añorar el esplendor monárquico, en primer lugar la «Cantante de blanco», quien con su apariencia de muñeca de porcelana va oficiando de narradora, a través de sus canciones, seguida de cerca por la «Cantante de negro». El resto de la corte incluye al típico bufón del rey, con su joroba y malicia; a un mendigo sobre zancos; a un grupo de viejos aristócratas con aspecto de pajarracos y a un servidor de escenade rasgos orientales. Todos ellos contribuyen a enmarcar con su presencia las extraordinarias proezas de acróbatas, trapecistas y equilibristas.
El público se pregunta cómo es posible que un hombre, con el simple impulso de una cama elástica, se mantenga tanto tiempo en el aire desafiando la fuerza de gravedad. También resultan un prodigio las dos contorsionistas mongolesas (que como diría el poeta Raúl González Tuñón, «no deben tener esqueleto»); los equilibristas de las barras elásticas (uno de ellos da una voltereta en el aire llevando en brazos a un chico de alrededor de doce años); el número con antorchas de fuego y el adrenalínico cuadro con trapecio de cierre.
Para aliviar la tensión, y divertir, incluyen varios sketchs de payasos. Yuri Medvedev y el español Pablo Gomiz López integran un buen dúo, mientras que el clown Oleg Popkov, protagoniza una escena de lirismo creada por Slava Polunin, que luego dio origen al «Slava's Snowshow», que Polunin presentó en Buenos Aires hace unos meses. En el mundo deben quedar muy pocos espectáculos donde el esfuerzo humano dé lugar al asombro sin necesidad de recurrir a la más alta tecnología. Este es uno de ellos.
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