"El auge del circo se nota hoy hasta en los semáforos"

Espectáculos

Gerardo Hochman no se sorprende de la gran atracción que está teniendo la actividad circense en jóvenes y niños. Desde hace trece años dirige la compañía La Arena, y antes fue integrante y codirector de La Trup junto a Marcelo Katz. Hoy cuenta, además, con su propia escuela y es justamente allí donde ha podido constatar esta progresiva demanda. El creciente interés por las técnicas circenses también se vio alentada por la exitosa trayectoria de la compañía. Sirvan como ejemplo dos de sus espectáculos más logrados: «Sanos y Salvos», que en 2006 fue visto por más de 30.000 espectadores y ahora acaba de reponerse en el Auditorio Buenos Aires (Av. Del Libertador y Pueyrredon) y «Fulanos», que en junio iniciará su tercera temporada (Teatro de la Ribera). Luego, en octubre, viajará al Forum Mundial de las culturas que este año tendrá sede en Monterrey (México). El 16 de febrero. Hochman estrenará en el Centro Cultural de la Cooperación un nuevo espectáculo titulado «Milagro».

Periodista: Hay tanta actividad circense que ya se puede hablar de fenómeno.

Gerardo Hochman: Es cierto, hay mucha expresión de circo. El auge se manifiesta desde los malabaristas que actúan frente a un semáforo a los numerosos artistas argentinos que trabajan en Europa, en el circuito de Festivales de circo y de teatro callejero. Lo que detectamos en La Arena es todo un síntoma. Hace dos años se presentaron 30 chicos en la escuela, de los que seleccionamos 12. Este año hicimos una nueva audición y se presentaron 70. Y eso que se trata de un compromiso muy grande, porque más allá de que detectemos en ellos «el don» tiene que animarlos un deseo muy fuerte para poder soportar dos años de entrenamiento intensivo, todos los días cuatro horas. Y además esto es pago, no depende del estado.

P.: Con tanta competencia internacional, los locales deben tener que buscar permanentemente nuevas técnicas.

G.H.: Bueno, cuando estuvieron aquí el año pasado, gente del Cirque du Soleil pasó por La Arena para reclutarnuevos artistas. Yendo a su pregunta, siempre tratamos de renovar las técnicas, pero es un tarea muy difícil, porque vivimos en el traste del mundo y a veces no encontramos entrenadores especialistas en nuevas técnicas. Traer alguien de afuera es complicado y costoso. Con La Arena tenemos un público que sigue nuestros espectáculos y lógicamente quiere novedades. La novedad no sólo tiene que ver con construir un universo poético diferente, sino con incorporar cosas nuevas que disparen otras emociones. Yo no trabajo en base a castings ni contrato artistas chinos para montar números que acá no se conocen. Yo trabajo con un grupo de gente que es dinámico pero que conserva los mismos integrantes. De manera, que cuando aparece algo nuevo hay que hacer todo el proceso de entrenamiento con ellos.

P.: ¿Hay alguna nueva que hayan incorporado recientemente?

G.H.: El palo chino, esa especie de mástil por donde trepan los acróbatas. Es un número tradicional del Circo chino pero en Occidente se impuso hace poco tiempo. En general, la materia prima es la misma, los ingredientes son los mismos. La cuestión es qué puede hacer uno con todo eso.

P.: Usted completó su formación en la Escuela de Circo de Cuba a finales de los '80. ¿Qué recuerdos guarda de aquella época?

G.H.: La escuela de Cuba es muy buena a nivel técnico, creativamente no tanto. En la época en que yo estuve había varios profesores rusos, porque en ese momento había mucha amistad entre Cuba y Rusia. Así que tuve la suerte de tomar clases individuales con un acróbata ruso que me citaba todos los días a los 8 de la mañana. Cuando volví acá tuve que darle sentido a todo eso hasta encontrar un lenguaje propio.

P.: ¿Qué es lo que caracteriza a su nuevo espectáculo «Milagro»?

G.H.: Son artistas muy jóvenes, de alrededor de 20 años, y el espectáculo está construido sobre especialidades que ellos trabajaron durante dos años de carrera. No tomamos la acepción religiosa de «milagro» relacionada con lo sagrado o con la aparición de alguna virgen, nada de eso. Lo que quisimos transmitir es la emoción de eso que llamamos «milagro cotidiano»: un encuentro inesperado, cualquier casualidad, algún logro una feliz coincidencia, el milagro del propio grupo manteniéndose en el tiempo. Trabajamos más un estado de ánimo que un tema específico y el espacio es una pista semicircular en forma de rampa que remite al circo. Hay escenas acrobáticas y otras más bailadas. Hay números de trapecio, una rueda de dos metros de diámetro, palos chinos y también incorporamos telas marinas que van colgadas de las dos puntas.

Entrevista de Patricia Espinosa

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