6 de mayo 2002 - 00:00

El Ballet Estable del Colón en su mejor nivel

«Tres a tres». Ballet Estable del Teatro Colón. Dir.: M. García. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dir.: C. Calleja. (Teatro Colón. Repite: 7, 8, 11 y 12 de mayo.)

La calidad del Ballet Estable del Teatro Colón se evidencia una vez más con el segundo programa del año, dedicado a tres estrenos de tres coreógrafos argentinos. Uno de los mayores méritos de la compañía dirigida por la cubana Marta García es la flexibilidad con que sus integrantes se adaptan a la disparidad de estilos y exigencias que impone el trío.

En «Tres a tres» hay trabajos solistas de singular brillo: Alejandro Parente y Virginia Licitra en «Clamare»; el mismo Parente junto a Graciela Bertotti, Gabriela Alberti y Lourdes Arteaga en «Humanitas» y Jorge Amarante, Julián Galván, Dalmiro Astesiano, Maricel de Mitri y Vagram Ambartsoumián en «Aire de tango». Todos sumados al resto del conjunto dan como suma la más notable agrupación de ballet clásico del país.

Magnífica exhibición de las cualidades antes mencionadas es «Aire de tango», una realización de Ana María Stekelman sobre nueve composiciones de distintos autores. La obra que abreva en el tango y en la danza contemporánea es una afortunada mixtura de ambas. Audacia conceptual y virtuosismo deslumbrante se encadenan en cada uno de los números -solos, dúos y conjuntos-con una estructuración espacial equilibrada y de bellos desplazamientos. Este «Aire» tiene el peso de la densidad dramática (estupendas luces de Eli Sirlin) de lo marginal entrelazado a una rara categorización de la belleza. Los satenes blancos y los charoles negros del vestuario de Jorge Ferrari son otra muestra del buen gusto y de la severidad de todo el conjunto. «Clamare», de Carlos Trunsky sobre música de Franz Joseph Haydn, configura una aproximación al tema de «La Pietá» de Michelangelo en lo visual mientras referencia la relación madre-hijo en una atmósfera de insistente misticismo, reiterado en el movimiento y en la utilización espacial del escenario. La patética religiosidad de la partitura de Haydn se complementa con una danza de carácter ecléctico, donde se mezclan pies descalzos y zapatillas de punta. Plásticamente valiosa, «Clamare» se enriquece con el vestuario de Marta Albertinazzi, la escenografía de Diego Siliano y las luches de Sirlin.

«Humanitas»
de Rodolfo Lastra recurre a Rachmaninov como soporte sonoro para un ballet neoclásico de trasnochado romanticismo. Un vestuario poco feliz y luces demasiado efectistas no sumaron méritos a la obra que quizá con otro «pack» visual hubiera logrado mejores dividendos.

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