25 de febrero 2002 - 00:00
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Obra de Emilio Renart
«La vida» -según proclama un Manifiesto Dadá- « aparece en una confusión simultánea de ruidos, colores, ritmos espirituales que en el arte dadaísta son captados inmediatamente por los gritos, las fiebres sensacionales de su audaz psiquis cotidiana y en toda su realidad brutal».
Otero alcanza su mejor expresión con el montaje de un caótico monumento de maderas y cacerolas encendidas. Luego, la muestra abunda en citas de todo tipo y algunas rozan la obviedad, como la serie de cacerolas llenas de aceite, o la de inodoros y lavatorios.
•Sarcasmo
En todo caso, asumió una actitud más compleja y sarcástica que de ningún modo lo alejó de los problemas de la sociedad, sino por el contrario, contribuyó a poner en evidencia los aspectos más sórdidos de la conciencia que representó con sus monstruos.
Frente a la sala de exposición de la obra de Berni, el artista Raúl Loza (90) en un tono sensiblemente más frío, traza el recorrido del arte concreto y de sus especulaciones teóricas, que reniegan de la apreciación subjetiva de la realidad en todos los ordenes, inclusive, políticos.
Una muestra homenaje, «Emilio Renart entre nosotros, Multimágenes», con obras de sus alumnos Brewda, Paviglia Niti, Kravetz, Atienza Larsson, entre otros, además de textos, objetos y papeles del maestro, recuerda a una figura clave para el arte argentino.
Renart (1925- 1991), más allá de las sorprendentes obras que presentó en el Instituto De Tella y sus enigmáticas «Multimágenes», fue un maestro que estimuló de un modo muy especial a numerosos artistas.
A partir de la muerte de su hija de 16 años en un accidente y como paliativo al dolor, ideó los «ejercicios de convivencia» que comenzó a experimentar con su propia familia.
Así, con un enfoque multi-disciplianrio que abarcaba técnicas del psicoanálisis, la ciencia, el arte y la comunicación, creó un método para favorecer las expresiones creativas.
Con la llegada de la democracia comenzó a dictar en el Museo Eduardo Sívori, el curso Iniciación a la Creatividad, que inicialmente programado para 30 personas convocó a 120. Mientras las escuelas de arte estaban signadas por el dogmatismo, Renart, con sus clases memorables abrió las puertas a la libertad expresiva y generó un clima de efervescencia hasta entonces desconocido.
Si bien al cumplirse el primer aniversario de su muerte, la galería Ruth Benzacar realizó una muestra de sus obras, Renart -que solía contar cómo se destruyó uno de sus «Bio Cosmos» pues no tenía espacio para guardarlo-, es una asignatura pendiente y por demás interesante para los museos y los historiadores del arte de nuestro país.
En la sala Ojo al País que el Fondo de las Artes y la Fundación Antorchas dedican a los artistas del interior, en esta ocasión a Julieta Ansalas, Marcela Cabutti, Edgar De Santo, Patricio Gil Flood y Marcelo Santorelli de la ciudad de La Plata, queda en evidencia el talento artístico de estos jóvenes.




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