25 de febrero 2002 - 00:00

El Borges aumenta su convocatoria

Obra de Emilio Renart
Obra de Emilio Renart
(25/02/2002) En 1919, Marcel Duchamp presentó un mingitorio en una sala de exposición y proclamó que un «ready made», un objeto ya existente y fabricado en serie, «se eleva a la dignidad de objeto artístico por la simple elección del artista».

Hoy, transcurridos más de ocho decenios desde ese rotundo cambio en las formas de representación artística que impuso Duchamp, el Centro Cultural Borges exhibe una muestra donde reitera la misma fórmula, la instalación de un «ready made» en una sala dedicada a la contemplación del arte, pero esta vez no se trata de mingitorios sino cacerolas.

Las mismas que resuenan a pocos pasos del Borges, en la convulsionada city porteña. Más allá de los posibles valores estéticos de la muestra, las cacerolas «son noticia» y la exposición repercutió con fuerza en los medios de comunicación, que a su vez incentivaron el interés de un público que no suele frecuentar exposiciones y también, de los entendidos, dispuestos a evaluar si el artista, Nestor Otero, estaba a la altura del desafío.

Algunos artistas pensaron hace casi un siglo que el arte no debía diferir de la vida, con sus vicisitudes, sus desórdenes y armonías momentáneas. Sin embargo, cuando el arte -como en este caso-, se confunde con la vida, debe agregar fuerza y aportar nuevos significados, o corre el riesgo de convertirse en un intrascendente reflejo.

«La vida»
-según proclama un Manifiesto Dadá- « aparece en una confusión simultánea de ruidos, colores, ritmos espirituales que en el arte dadaísta son captados inmediatamente por los gritos, las fiebres sensacionales de su audaz psiquis cotidiana y en toda su realidad brutal».

Otero
alcanza su mejor expresión con el montaje de un caótico monumento de maderas y cacerolas encendidas. Luego, la muestra abunda en citas de todo tipo y algunas rozan la obviedad, como la serie de cacerolas llenas de aceite, o la de inodoros y lavatorios.

Eso sí, está presente el espíritu marketinero de los tiempos y muchos de los objetos ostentan la marca del fabricante. También en el Borges y pisando el terreno del arte político, la exposición «Monstruos» de Antonio Berni que se inauguró en el pasado octubre, continúa ofreciendo nuevas lecturas e invitando de nuevo a recorrerla.

Cuando renunció al Nuevo Realismo, Berni reconoció los límites del arte político, básicamente sus propósitos utilitarios, y adoptó una perspectiva más amplia.

•Sarcasmo

En todo caso, asumió una actitud más compleja y sarcástica que de ningún modo lo alejó de los problemas de la sociedad, sino por el contrario, contribuyó a poner en evidencia los aspectos más sórdidos de la conciencia que representó con sus monstruos.

Frente a la sala de exposición de la obra de
Berni, el artista Raúl Loza (90) en un tono sensiblemente más frío, traza el recorrido del arte concreto y de sus especulaciones teóricas, que reniegan de la apreciación subjetiva de la realidad en todos los ordenes, inclusive, políticos.

Una muestra homenaje,
«Emilio Renart entre nosotros, Multimágenes», con obras de sus alumnos Brewda, Paviglia Niti, Kravetz, Atienza Larsson, entre otros, además de textos, objetos y papeles del maestro, recuerda a una figura clave para el arte argentino.

Renart
(1925- 1991), más allá de las sorprendentes obras que presentó en el Instituto De Tella y sus enigmáticas «Multimágenes», fue un maestro que estimuló de un modo muy especial a numerosos artistas.

A partir de la muerte de su hija de 16 años en un accidente y como paliativo al dolor, ideó los «ejercicios de convivencia» que comenzó a experimentar con su propia familia.

Así, con un enfoque multi-disciplianrio que abarcaba técnicas del psicoanálisis, la ciencia, el arte y la comunicación, creó un método para favorecer las expresiones creativas.

Con la llegada de la democracia comenzó a dictar en el Museo Eduardo Sívori, el curso Iniciación a la Creatividad, que inicialmente programado para 30 personas convocó a 120. Mientras las escuelas de arte estaban signadas por el dogmatismo,
Renart, con sus clases memorables abrió las puertas a la libertad expresiva y generó un clima de efervescencia hasta entonces desconocido.

Si bien al cumplirse el primer aniversario de su muerte, la galería Ruth Benzacar realizó una muestra de sus obras,
Renart -que solía contar cómo se destruyó uno de sus «Bio Cosmos» pues no tenía espacio para guardarlo-, es una asignatura pendiente y por demás interesante para los museos y los historiadores del arte de nuestro país.

En la sala Ojo al País que el Fondo de las Artes y la Fundación Antorchas dedican a los artistas del interior, en esta ocasión a Julieta Ansalas, Marcela Cabutti, Edgar De Santo, Patricio Gil Flood y Marcelo Santorelli de la ciudad de La Plata, queda en evidencia el talento artístico de estos jóvenes.

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