11 de octubre 2006 - 00:00
El circo moderno sigue "volando"
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Mikjail Matorin: «Me gusta trabajar en teatro porque se crea
una atmósfera más íntima y a la vez más sofisticada que en
una carpa».
P.: ¿Qué significa Balagan?
M.T.: Es un término yiddish que alude a algo caótico y desordenado. Nosotros tomamos la acepción rusa -literalmente «casa alta»- que es la más difundida. Son antiguas construcciones donde funcionaba el mercado público, muy comunes en las antiguas ciudades de Europa del Este. Ahí se instalaban también los circos y los artistas ambulantes.
P.: Hace poco debutó en Buenos Aires el Cirque du Soleil con «Saltimbanco» ¿No le teme a las comparaciones?
M.T.: Al contrario haría feliz si nos comparan, porque eso significaría que estamos haciendo las cosas bien. «Saltimbanco» es un show fantástico, realmente bueno, pero no estamos compitiendo con Cirque du Soleil porque hacemos cosas distintas.
P.: A diferencia de esa compañía usted prefiere montar sus shows en salas de teatro tradicionales. ¿A qué se debe esta decisión?
M.T.: Traté de encontrar la brecha entre los grandes circos modernos y los más pequeños y tradicionales, y el resultado es este circo teatral. Me gusta trabajar en teatro porque se crea una atmósfera más íntima y a la vez más sofisticada que en una carpa. El show más prolijo y refinado y a la gente le encanta, porque al concentrarse todo en un espacio más acotado suceden más cosas.
P.: ¿Cuál son sus próximos pasos?
M.T.: Estamos negociando nuestro primer tour por Sudamérica, que incluiría Chile, Brasil y Uruguay. «Balagan» estuvo cinco años dando vueltas por Estados Unidos, con estadías de aproximadamente seis meses en cada teatro, ahora es lógico que nos expandamos hacia Europa y América.
P.: ¿La gente de circo sigue siendo tan supersticiosa como antes?
M.T.: Quizás no tanto, pero algunas tradiciones se conservan. Por ejemplo, el número de suerte sigue siendo el 13, porque la pista de circo tiene 13 metros de diámetro. ¿Y sabe a qué se debe esto? A los caballos. Cuando éstos corren al borde de la pista tienen un ángulo de inclinación que exige esta medida de diámetro. Pero eso ya no vale para nosotros, porque trabajamos en salas de teatro; en cambio, nos cuidamos de sentarnos de espaldas a un escenario, o de pagar o contar dinero antes de cada show porque eso trae mala suerte. No somos muy estrictos con estas supersticiones pero siempre las tenemos en mente.
P.: ¿Tiene alguna cábala o superstición personal?
M.T.: En general, prefiero no ver el show. Obviamente, estoy en cada ensayo y superviso que todo esté bien, pero una vez que comienza la función: «Adiós muchachos, el show es de ustedes».
Entrevista de Patricia Espinosa




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