5 de septiembre 2005 - 00:00
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El tucumano Javier Juárez ganó el primer premio con "SMS". La obra habla tanto de la facilidad como de la dificultad de la comunicación actual (arriba). Jurado del Premio Chandon (izq. a der.): Justo Pastor Mellado, Fabián Lebenglik, Fernando Farina, Jorge Figueroa y Paulo Duarte (abajo).
Luego, las menciones especiales a Marcela Astorga (dos manojos de riendas de cuero que surgen de la pared y expresan la violencia argentina), Adriana Bustos (la imagen de un cartonero reflejada en el espejo retrovisor de un auto último modelo) y Tomás Espina (joven que ha logrado embellecer con un efecto pictórico las escenas intervenidas con pólvora que le dieron fama en 2001), no hacen más que consolidar la tendencia que favoreció el jurado: una vertiente ligada al arte conceptual y arraigada en el contexto sociopolítico de nuestro país.
Es decir, el arte que por lo general esperan ver los extranjeros, quienes como afirma la artista tucumana (que no participó del concurso) Carlota Beltrame: «Demandan exotismo o tipicidad». En el caso de Tucumán el exotismo es la exuberante naturaleza, y la tipicidad, el tema de la guerrilla o la pobreza.
Finalmente, el jurado -aunque no se lo puede acusar de ortodoxo-, terminó por coincidir en algún sentido con el gusto del público, que adjudicó sus votos al grupo Escombros, fiel representante del arte político.
Aunque las leyes que regían el gusto y la creación, como en los viejos tiempos de la Academia, han caducado, quedan (y no es poca cosa) el ojo bien entrenado,el conocimiento y la sensibilidad afinada para reconocer virtudes como el talento o la creatividad. Pero el tema de los criterios, es otra cosa, es una posición política. Así, detrás del premio y las menciones, quedaron obras estupendas, cuya calidad es indiscutible, pero que transitan por la senda de la belleza, la subjetividad y el arte sensible.
Como las armonías que configura con sus maderas recortadas Beto de Volder, los bellísimos encajes que parodian las formas de la naturaleza de Andrés Paredes, la gracia del autorretrato de Pablo Guiot, el humor en las imágenes de las «Camas» de Raúl Flores, o la desgarradora fotografía donde Sandro Pereira explora otras dimensiones del mundo y se desdobla; además de las poéticas alas de Blanca Machuca, la alegre mesa de trabajo de Cynthia Kampelmacher, o el delicioso e irónico tobogán con su correspondiente arenero, que con corchos de 2001 de la firma Chandon construyeron Tamara Stuby y Esteban Alvarez.
Sin embargo, lo que motivó el «piquete», de ningún modo fue la opinión del jurado sobre las bondades de una obra sobre el resto, trabajo complejo teniendo en cuenta la diversidad y multiplicidad de lenguajes y vertientes en danza. La reacción estuvo destinada a socavar toda esa pluralidad de conceptos, géneros y tendenciasen ocasiones desconcertantesdel premio en su conjunto.
En la Argentina de hoy abundan los artistas, algunos excelentes, cuyos discursos pasaron a formar parte de la historia, porque no supieron -o no pudieronconectarse con el vertiginoso presente. Hay obras, como en todo el mundo, que casi de la mañana a la noche quedaron huecas de contenido, sin nada para aportarle -al menosal espectador que está alerta, esperando un mensaje que lo conmueva o lo deje meditando. Así, al alejarse de la realidad, muchos artistas perdieron su encanto, aunque siguen siendo dueños de un buen oficio, envidiable en ocasiones.
El caso es que hay un arte donde por lo general predominan los tonos tierra, la línea constructiva heredada de la Escuela del Sur, incluso al gesto expresionista (pero siempre moderado), y algunas evocaciones nativas, que quedó casi de repente reducido a un esquema académico, encasillado en un molde. En suma, nada que sea posible criticar, más que cierto desdén por el arte conceptual, un apego demasiado fuerte a la forma y el temor a afrontar el riesgo que lo torna monótono.
Por el contrario, la producción contemporánea tucumana es, luego de la porteña, la más intensa, arriesgada e interesante de todo el país. No es de extrañar entonces, que, como si quisieran volver el tiempo atrás, Tucumán sea el escenario del primer piquete que defiende la estética del pasado.


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