26 de julio 2001 - 00:00

El cuerpo es tema de inquietante muestra

Obra de Mónica Van Asperen.
Obra de Mónica Van Asperen.
(26/07/2001) El Espacio Cinco de la Fundación Klemm es el marco adecuado para las instalaciones realizadas por tres artistas nacidas a comienzos de los '60. Sin eufemismos, Diana Schufer plantea el tema del orgasmo.

Lo hace a través de reportajes a diferentes mujeres cuyas voces se escuchan al recorrer un espacio al fondo de la sala tapizado en rojo. Provoca en el que escucha, que en este caso suplanta al contemplador, una actitud secreta, cómplice, que lo invita a penetrar en un mundo íntimo, confesional, resguardado de la mirada. La voz habla de sus emociones, goces, rechazos, del amor, del cuerpo y sus conflictos. Schufer es coherente en el desarrollo de una obra inicial en la que presentaba camas y cartas de amor a la que confería carácter poético.

Conocimos la obra de Mónica Van Asperen en 1998 realizada con materiales de seguridad industriales que oscilaban entre el objeto y la escultura, resultado de su trayectoria en el diseño textil y de moda. En el curso de estos años ha continuado su investigación utilizando materiales no convencionales como el látex para globos de cotillón con el que realizó extra-ñas vestimentas.

En Arte BA 2001 destacamos las piezas presentadas en tubos de látex que ocultaban la figura humana y que la convertía en un ser espacial. En esta ocasión geometriza el espacio con un material inflable transparente que por su levedad y la luminosidad artificialmente conseguida remite al lujoso cristal.

En cuanto a Ana Gallardo su obra es denuncia. Lo hizo en el Premio Banco Nación con un tapiz compuesto de ramos de perejil con el que aludía a las prácticas abortivas clandestinas. El tema sigue en su mira, no es para menos, ya que como lo se-ñala el crítico Jorge López Anaya en el prólogo, las estadísticas mencionan la cifra de 200.000 muertes al año por estas prácticas.

En dos rincones de la sala ha apilado, muy estéticamente, agujas de tejer, otro elemento abortivo característico que adquieren un carácter más ominoso aún. En otra pared, bolsas de plástico transparente remiten a esos «residuos» que son embolsados después del acto clandestino.

Obra en sintonía con la realizada por un grupo holandés que acabamos de ver en la 49 Bienal de Venecia:
«Women on Waves», un proyecto en forma de barco hospital para mujeres pertenecientes a países donde el aborto está penalizado por ley, por lo que la operación se realiza en aguas internacionales. Tema polémico junto al control de la natalidad, la carrera nuclear, la contaminación ambiental y las desigualdades en este conflictivo comienzo de siglo y que los artistas expresan a través de múltiples medios y sin limitaciones.

Aurelio García

Los ángeles arcabuceros, protagonistas principales de la pintura cuzqueña componían la fachada de la muestra del artista rosarino Aurelio García (1964) en una de sus primeras muestras individuales «Otras Américas» en el Museo Fernández Blanco. Fachada solamente, porque detrás de esa minuciosidad e ingenuismo imitativo de pintura religiosa se escondía su gran sentido del humor y su irreverencia.

La irreverencia permanece y su transgresión llega a echar una mirada casi tierna sobre mitos nacionales como el peronismo, sus principales protagonistas y la iconografía pueril de su propaganda, corrientes políticas y religiosas, clichés porteños, figuras hiperbanalizadas por los medios como la imagen del
Che Guevara, lo que contribuye a la pérdida de su significación y el emblema vacuno, típica imagen argentina que hasta ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar como, por ejemplo, la Exposición Rural, todo ello pintado con la minuciosidad mencionada y que no desdeña el empleo de la tecnología. Ambas muestras, por distintos caminos, parecieran indicar un retorno a recuperar la pérdida del sentido en la obra de arte. Hasta fines de agosto (Marcelo T. de Alvear 626).

Larroudé Videla

A lo largo de diez años, Adriana Larroudé Videla ha frecuentado distintos talleres, entre ellos, el de los renombrados maestros María L. Manacero y Miguel Dávila cuyas enseñanzas le han permitido obtener una vibración colorística sensible además de una sutil atmósfera espacial. Los muros con ocasionales aberturas, a veces luminosas, en contraposición a otras sin aparente salida, quizá sea el camino de experimentación hacia una imagen que Larroudé logrará profundizar, una vez que la despoje de las figuras infantiles o femeninas fin de siglo XIX que transitan algunos de sus cuadros.

Distintas facetas de su quehacer, superposiciones de planos y formas caja, composiciones de elementos típicos de taller, maniquíes y hasta un paisaje estudio característico de impresión au plein air, invitan a compartir una experiencia pictórica que se muestra por primera vez. Clausura el 18 de agosto. Galería Van Riel (Talcahuano 1257, PB).

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