Josh Hartnett (Matthew) y Diane Kruger (Lisa): los complicados amantes de «El departamento» de Paul McGuigan.
«El departamento» («Wicker Park», EE.UU., 2004; habl. en inglés). Dir.: P. McGuigan. Int.: J. Hartnett, M. Lillard, D. Kruger, R. Byrne.
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Muchas buenas películas exigen del espectador aquello que los norteamericanos llaman la «suspensión de la incredulidad»; esto es, ver un film con actitud inocente y no cuestionar los aspectos inverosímiles o fantasiosos que pueda contener la trama, con el fin de gozar plenamente de la historia. En una palabra, dejarnos engañar porque nos gusta. Ahora bien, algunas otras películas, como «El departamento», se exceden en esa exigencia, y también requieren la suspensión del intelecto, que es algo más costoso de conceder.
El guión de este policial romántico, que no tiene detectives pero sí sospechosos, está construido a la manera de un laberinto del que ni Borges hubiera podido escapar. Hay un joven ejecutivo, Matthew, que suspende un viaje a China porque poco antes de embarcar cree escuchar, en una cabina de teléfono, a la mujer que fue el gran amor de su vida (Lisa). Se queda entonces en Chicago, les hace creer a su novia y a su jefe -que además es hermano de la novia- que está en China, se reencuentra con un viejo amigo (Luke), y mientras persigue los posibles pasos de Lisa se involucra accidentalmente con otra mujer (Alex). Hasta allí las fichas del juego.
Lo que sobreviene es pasmoso. Saltos constantes entre pasado remoto, pasado reciente y presente, reconstrucción de varias historias de amor, coincidencias imposibles, cruces entre todos, sospechas por doquier. Como aquí no hay ni siquiera un cadáver (a diferencia del film original francés que lo inspiró, que al menos tenía un muerto), se corre el riesgo, mientras uno trata de armar las piezas del rompecabezas, de perder de vista de quién o qué estamos sospechando, y por qué. Hasta terminamos mirando con suspicacia al vendedor de hot dogs de la plaza donde todos suelen darse cita.
Hay algunas, pocas virtudes. La actuación de los secundarios, por ejemplo: Rose Byrne, como Alex, es deliciosa (hasta no se entiende cómo el impávido Josh Hartnett sigue fastidiando con sus recuerdos de Lisa, en lugar de quedarse con ella y terminar de una vez con tanta intriga misteriosa), y Matthew Lillard como Luke, el amigo, compone a un inocente perfecto. M.Z.
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