19 de junio 2002 - 00:00

"El desempleo volvió actual 'La muerte de un viajante'"

Arthur Miller
Arthur Miller
C onsiderado como el mejor dramaturgo del siglo XX, según una encuesta del Royal National Theatre, el teatro de Arthur Miller sigue demostrando incuestionable actualidad. A siete meses de la muerte de su esposa, la fotógrafa Inge Morath, el dramaturgo norteamericano habla sobre sus proyectos y las razones de la vigencia de su teatro. Miller vive en Manhattan pendiente del estreno de «The man who had all the Luck», obra que escribió en 1944, y de su nuevo nieto, fruto de su hija Rebeca Miller y el actor Daniel Day-Lewis. Desde la muerte de Inge, Arthur Miller trata de mantenerse intensamente ocupado escribiendo y viajando, dando charlas y conferencias.

Periodista: Sus obras teatrales no paran de estar en escena...

Arthur Miller:
«La muerte de un viajante» se esta representando ahora mucho más que hace años, aunque «The Crucible» («Las brujas de Salem») sigue siendo la que más se ha llevó a escena.

P.: Se dice que Willy Loman de «La muerte de un viajante» es su personaje más complejo. ¿Qué actor lo representó mejor?


A.M.:
Es difícil definir a Willy Loman como mi personaje más complejo, sea lo que fuere lo que se quiera decir con ello. Respecto a quien mejor lo ha representado es difícil, tal vez, Lee Cob, pero también Dustin Hoffman o George Scott.

Conflicto generacional

P.: Actualmente se da en Broadway «Las brujas de Salem» con éxito de público y crítica.

A.M.:
Así es, y ahora agregue «The Man Who had all the Luck».

P.: Son dos obras que más allá de sus 50 años aún tienen algo que decir al público. ¿A qué cree que se debe esa vigencia?


A.M.:
Sospecho que es el público quien debería responder a esa pregunta. Creo que los temas que plantean están vigentes porque continúan sin ser resueltos o mejor, sin tener una respuesta definitiva. Esa misma pregunta me la han hecho sobre «La muerte de un viajante», donde se plantean cuestiones que pueden llegar a cada espectador de forma individual, pero en el fondo el conflicto fundamental es el de la diferencia generacional entre padres e hijos, el mismo que se viene repitiendo en el teatro desde «Edipo Rey» a «Hamlet» y seguro que en el futuro seguirán apareciendo obras que vuelvan a reincidir en ese tema...

P.: Cuando joven se ve esa obra uno se identifica con Happy y luego, ya padre, se siente más cerca de Willy Loman.


A.M.:
Es natural, han pasado los años y se ha evolucionado, se ha cambiado. Sin duda pasará lo mismo cuando se relea cualquier otra obra. Creo que en «La muerte de un viajante» se captan las paradojas de la vida y eso hace que los espectadores se sientan parte integrante de la obra. Ocurre lo mismo sea cual fuere el lugar donde se representa; lo mismo en España, Estados Unidos, la Argentina o China. Las preocupaciones de los seres humanos no son tan distintas de un lugar a otro. «La muerte de un viajante» se está representando ahora en más lugares que nunca y eso se debe a que cada vez más personas se identifican con Willy, mientras que cuando se estrenó eran una minoría, porque los problemas laborales, las preocupaciones de la gente que puede quedarse sin trabajo de la noche a la mañana son ahora mucho más reales de lo que eran hace unos años.

P.: Es un personaje universal...


A.M.:
¿Qué es eso de un personaje universal? Yo no me levanto por la mañana, desayuno y me digo «voy a crear un personaje universal» o «atemporal». Para muchos Willy tiene ahora más vigencia que en el momento del estreno. No lo sé; la percepción de cada espectador es fundamental para entender la obra y los personajes de una forma o de otra. Depende de cada uno. Muchas de mis obras han sido recibidas de forma muy distinta según el momento en que fueron representadas.

P.: ¿Está contento con las puestas de sus obras?


A.M.:
He visto algunas que no me han gustado en absoluto, pero uno no puede hacer nada contra eso; cuando el director tiene los derechos, ya no se puede hacer nada por la obra de uno.

Fuerza dramática

P.: ¿Cuál es la génesis de sus obras de teatro y el proceso creativo que sigue hasta la puesta en escena?

A.M.:
Lo primero es encontrar un tema que me interese y sobre el que quiera escribir. Cada obra surgió de un acontecimiento distinto. Luego comienzo a escribir hasta ver adónde puedo llegar. Si veo que tiene fuerza dramática escribo mucho, muchísimo, cientos y cientos de páginas y a partir de ahí hay que limar, hay que eliminar lo superfluo y seleccionar los momentos que mejor se adaptan al tema, a la orientación que le quiero dar a la obra, teniendo en cuenta la complejidad de los personajes, la forma y el tono y eso depende fundamentalmente de cuál será el desenlace... y por supuesto, el tempo. Luego está la emoción que se siente cuando finalmente se ven a los personajes de carne y hueso sobre el escenario.

P.: Se lo considera un escritor realista, sin embargo la fuerza psicológica de los personajes resulta clave en sus tragedias.


A.M.:
No me gusta llamarlas tragedias. En «La muerte de un vijante» los espectadores ríen en algunos pasajes. Tampoco me gustan las etiquetas. Lo que intento plasmar son situaciones que se producen en la vida cuando nos vemos en la encrucijada de elegir entre lo correcto y lo equivocado. Me interesa la dimensión moral de lo que escribo. Quiero plasmar la realidad de la vida, no acontecimientos banales sino los que tienen un verdadero peso específico. Pero a la vez la fuerza psicológica de los personajes es esencial, de otra forma la obra se debilita, no puede funcionar.

P.: ¿Cómo se adapta la tragedia clásica a los dramas actuales?


A.M.:
Es una pregunta a la vez interesante y misteriosa. Me pregunto si el sentimiento que podemos denominar trágico tiene cabida en nuestro vocabulario. No lo tengo claro. Tal vez porque hemos matado a demasiada gente y no se ha reflexionado sobre cómo influye la historia de la humanidad de los últimos 50 años en la conciencia de la gente; en el sentido de que un ser humano ya no tiene mucho valor, que puede ser fácilmente desposeído y olvidado y, por tanto, no es clara la idea trágica que implica el ser humano. «Hamlet» puede ser suplantado por otro príncipe, pero él guarda esa preciosa conciencia que hemos perdido. Hoy no estoy creo que seamos capaces de pensar en esos términos. Acaso Kennedy, para mucha gente puede haber sido ese tipo de héroe, era joven y apuesto y para muchos irremplazable y como una estrella de cine. La tragedia se basaba en elementos de la religión, ya fueran griegos o cristianos. No estoy seguro de que tengamos algo parecido ahora.

P.: ¿En qué varió su teatro de las primeras obras a hoy?


A.M.:
Ahora son más breves.

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