El no existente caballero: Asís

Espectáculos

La Feria del Libro, que se ve obligada a llenar de paneles y mesas redondas sus muchos días de actividad, suele dar lugar a más de una discusión bizantina. Sin embargo, hay discusiones extramuros mucho más interesantes, que lejos de ser bizantinas son turcas y armenias.

Por ejemplo, la reacción que tuvo Jorge Asís ante un reciente suplemento «Ñ» del diario del monopolio «Clarín», dedicado al tema del exilio exterior e interior durante los tiempos de la dictadura. Allí, en un aparentemente profuso relevamiento de las plumas de aquellos tiempos, «Clarín» ninguneó, como es su costumbre, al escritor argentino que más libros vendía, Asís concretamente.

En una carta que ha hecho pública, el autor de «Flores robadas en los jardines de Quilmes» se dirigió al editor de «Ñ» y ex compañero suyo en la redacción de «Clarín», Juan Bedoián, en estos términos:

«Bedoián, Juan querido. Debo felicitarte. El Turco se inclina ante El Armenio. Como viejos colegas en «La Mesa de Creativos». En tu carácter de « editor general de la revista Ñ», lograste, Juan, desde «el centro de la noche», una respetable hazaña intelectual.»

Bedoián, en aquella c o l u m n a , poetizaba: «Escribo esta columna en el centro de una noche y me cuesta imaginar algo que seguramente existe. Los exilios felices. El córtex de mi cerebro, ése que promueve el raciocinio y nos lleva al pensamiento abstracto, choca con la otra parte, la que nos otorga las sensaciones puras. Hay un punto en el que esos dos cerebros, el que razona y el que no, se juntan en una sola palabra, tan necesaria y tan temida: memoria».

Sobre tal «hazaña intelectual», continúa Asís en su carta: «Debiera ser especialmente reconocida por el inalcanzable señor Magnetto, desde el tercero.

Valorada por Kirschbaum, El Colorado, tu comprovinciano. El discípulo más aventajado de Román. Editaste, Juan, una superproducción de 16 páginas, en 'Ñ' , sobre el desgarrador tema del exilio. La 'marca cultural de este país'. Aluden a las « polémicas entre los escritores que se fueron y los que se quedaron». Durante la Dictadura, claro. La insuperable hazaña tuya, Juancito, consiste, en principio, en el sorprendente mérito de encarar semejante producción, sin haberme, siquiera, consultado.»

«Y en el hallazgo, históricamente inquietante, de no ser, siquiera, citado.

Poderosa subestimación hacia el destinatario. El lector. La gravitante audacia admite el espacio para mi franca felicitación. Resulta admirable la apuesta gratuita, a favor de tanta impunidad conceptual. La licencia fascistoide para descartar. La habilidad para la tergiversación. Para simular que se habla frontalmente de aquello que, en simultáneo, se escamotea.»

«De todos modos, la omisión, por tan grosera, me produce, Juan querido, una incierta alegría. Un alivio inmoral que también, aparte, te debo agradecer. Significa que, en adelante, dejé de ser «el éxito del Proceso».

Situado, a mi pesar, en el centro de esa polémica que me proporcionó una colección interminable de fundacionales agravios. Gracias al destierro intelectual, que tradicionalmente me reserva Clarín, y al perceptible ninguneo de tu producción en Ñ, dejé de ser, al menos, «el best seller del oscurantismo».

«Para convertirme, simplemente, si es por tu revista, en nada. Mero material de inspiración metafísica, para algún pichón de Heidegger. Desde hace, para ser exactos, 24 años. Desde que apareció el eterno «Diario de la Argentina». Novela que sólo «Oberdán Rocamora editor» puede atreverse a publicar. Y que dejó una auténtica «marca cultural».

«Gracias, en fin, a editores valientemente arriesgados como vos, Juan, porque no suelen temerle a los altibajos de la memoria, en Clarin ya pueden asumir la ficción de tranquilizarse. Y creer que me expulsaron, definitivamente, de la literatura argentina. Incluso, pueden creer que lograron extirparme, hasta de la historia de la literatura argentina.» «Hiciste, por último, Juan querido, un gran servicio editorial. A la « marca cultural de este país». Que sigas siempre flexible, readaptado y saludable. Continuará.»

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