24 de noviembre 2004 - 00:00

"El populismo básicamente miente y hace perder tiempo"

Enrique Krauze: «El mayor peligro de América latina es el populismo. La gente advierte la mentira, pasa el tiempo, y el tiempo que se pierde en el siglo XXI es tiempo irrecuperable».
Enrique Krauze: «El mayor peligro de América latina es el populismo. La gente advierte la mentira, pasa el tiempo, y el tiempo que se pierde en el siglo XXI es tiempo irrecuperable».
«Me resisto a las expresiones 'resistencia' o 'identidad', me resultan sospechosas, hay que desconfiar de esos discursos», señala el ingeniero, ensayista e historiador mexicano Enrique Krauze, que el año pasado fue condecorado por José María Aznar con la Gran Cruz de la orden de Alfonso El Sabio. Krauze estuvo en Rosario como panelista del Congreso de la Lengua Española. Allí, en una reunión de la Fundación Libertad, dialogamos con él sobre su reciente libro «Travesía liberal» y sobre su visión de la situación actual de América Latina.

Periodista
: ¿Cómo definiría a su libro?

Enrique Krauze: Es un libro que recorre muchas estaciones intelectuales a través de los años '80 y '90, viajes a través de islas del pensamiento, personas que conocí, nudos históricos que encontré y que quise desentrañar y entender. En la última parte cuento mi experiencia de este aterrador comienzo del siglo XXI, en el cual vemos el resurgimiento no ya de ideologías sino de fundamentalismos religiosos, nacionales, raciales, que creímos superados. Muestro el tránsito del siglo XX al siglo XXI. El fantasiosamente esperanzado final y el desconcertante comienzo.


P.:
¿Cómo explica la reaparición de fundamentalismos, fanatismos y populísmos?

E.K.: Si queremos ser pesimistas diríamos que hay algo innato en los seres humanos que busca subsumir al individuo en un nosotros más amplio, en identidades que le quiten la angustia de la soledad individual. Todos tenemos algo de eso. Tenemos que creer que pertenecemos a una colectividad, que en algo trasciende nuestra vida. La creencia excesiva en las identidades produce el fanatismo de la identidad y, muy fácilmente, la noción de que mi nosotros es mejor que tu nosotros, y ¿si mí nosotros es mejor, por qué voy a tolerar a tu nosotros? De allí a la persecución, la discriminación, y aún al exterminio del otro, hay un paso. Es muy peligroso eso. Vivimos la época del fanatismo de la identidad, religiosa, racial, nacional y, con el multiculturalismo, el de las identidades culturales, en vez de asumir lo contrario, la tolerancia, la convivencia, el diálogo, el mestizaje, la mezcla. Fromm diría que estamos sucumbiendo al miedo a la libertad. Pero, para un cierto optimismo, aún se ve el deseo individual, tan innato como el otro, de ser libres. Esas dos tensiones se están disputando el alma de nuestro tiempo.


P.:
En la última década no han dejado de escucharse expresiones como «identidad» y «resistencia»...

E.K.: Me resisto a ellas. Me crean sospechas. Respeto a los nosotros imaginados, siempre y cuando no opriman, y se puede oprimir tambien en la resistencia a otros nosotros y a los individuos particulares de ese nosotros. La militancia del nosotros me produce mucha desconfianza. En nombre del nosotros, de la resistencia o de la singularidad del nosotros, el siglo XX cometió los mas atroces crímenes. Hay que desconfiar de los discursos victimistas. La humanidad debió haber aprendido ya lo que ocurre con los odios religiosos, raciales y políticos.


P.:
¿Hay hoy problemas comunes en América Latina?

E.K.: América latina tiene muchos problemas: la pobreza, los malos gobiernos, la falla del liderazgo, la falta de un proyecto claro, sensato, nuestra región no termina por entroncar su vagón al tren de la modernidad. Cuando logra encaminarse, después hay un retroceso, no perseveramos. Hay una mala clase política -estoy generalizando, por supuesto- y una mala, engañosa, política de comunicación con un pueblo que creo que comprendería cualquier sacrificio si se lo orientara bien. Hemos sido víctimas de demasiadasfantasías, de la creencia de que la felicidad pública puede lograrse en una generación o que somos ricos, cuando no lo somos. Somos un subcontinente trágico, qué duda cabe.


P.:
Suele culparse a Estados Unidos de nuestros problemas...

E.K.: La vecindad con Estados Unidos es la de pueblos que no se comprenden ni se conocen entre sí. Ellos tienen mucha responsabilidad porque no miran más que hacia Europa o hacia sí mismos, pero nosotros también tenemos mucha responsabilidad, porque de tanto detestarlos no los conocemos. Yo no los detesto, puede tener problemas de racismo, pero me parece admirable su democracia, su capacidad de hacer, su ética de trabajo. En América latina fuimos víctimas del sueño romántico, que viene de muy atrás, que proponía que dado que la naturaleza ha sido pródiga con nuestra tierra, nosotros produzcamos el espíritu. Sí, hemos producido el espíritu, pero nos ha faltado la ciencia, la técnica, la economía, la política, somos el continente idealista por antonomásia.


P.:
¿Cuál es el mayor peligro de Amérila latina?

E.K.: El populismo, el contacto directo del líder carismático con el pueblo al que ofrece demagogicamente cosas, porque el populismo, básicamente, miente, promete el paraíso en la tierra. Y mientras miente, y la gente advierte la mentira, pasa el tiempo, y el tiempo que se pierde en el siglo XXI es tiempo irrecuparable. Siempre es irrecuperable, pero en este siglo, cuando hay pueblos como los asiáticos o la India que caminan a toda velocidad, cuando Europa finalmente se está uniendo, el letargo de América latina es muy peligroso, y uno de los síntomas más claros del letargo es la demagogia y el populismo.


Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario

Te puede interesar