13 de diciembre 2006 - 00:00

El regreso del mejor Murakami

El regreso del mejor Murakami
«Kafka en la orilla» de Haruki Murakami. Traducción Lourdes Porta. Tusquets Editores. Buenos Aires, 2006. 584 págs.

En las novelas de Haruki Murakami (Kyoto, 1945) pasa de todo. Sus personajes circulan entre el sueño y la realidad y entre el presente y el pasado relacionándose por igual con vivos, muertos y aparecidos. Viven acorde a las fantasías proyectadas por el inconsciente y a cierta concepción mágica de la naturaleza derivada del sintoísmo. Para decirlo en pocas palabras, consideran que todo sueño, alucinación o fantasía tiene el mismo efecto en la realidad que cualquier acto voluntario. Pero, también, sienten adoración por los íconos culturales de Occidente y sus elegantes marcas de ropa. Disfrutan del jazz, el cine europeo y la literatura norteamericana y se niegan a ser un engranaje más dentro de la rígida sociedad nipona, ocupados como están en reparar sus propias pérdidas afectivas o en resolver conflictos de larga data agravados por la historia colectiva.

«Kafka en la orilla» desarrolla al máximo todas estas creencias y valores y es la novela que estaban esperando todos los fans de Murakami. Tan extensa y arrebatadora como «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo», hasta ahora su obra cumbre, y con algunas novedades de estilo (más espacio para el humor, inclusión de personajes de diferente contexto social y una visión más piadosa y comprensiva de los vínculos humanos) que implican un avance con respecto a sus títulos anteriores: «Tokio blues», «La casa del carnero salvaje», «Sputnik, mi amor», «Al sur de la frontera, al oeste del sol».

Como siempre la búsqueda del amor favorece encuentros imprevistos y experiencias sobrenaturales. «Kafka en la orilla» es una extraña encrucijada de destinos centrada principalmente en las peripecias de un adolescente de quince años, Kafka Tamura. Temeroso de cumplir con la maldición edípica enunciada por su propio padre (un escultor de renombre aparentemente poseído por las fuerzas del mal), el chico lo abandona para ir en busca de su madre y de su hermana, ya que ambas dejaron la casa cuando él contaba apenas cuatro años.

En paralelo a esta historia, Murakami va introduciendo al lector en la vida cotidiana de Nakata, un anciano medio loco y de corto entendimiento que tiene el don de hablar con los gatos. Es un personaje delicioso y lleno de comicidad, que sin darse cuenta ilumina a quienes lo rodean con su sabiduría. Una tercera línea narrativa -basada en documentos del ejército y en el relato de una maestra de escuela detalla un inquietante episodio de la infancia de Nakata, digno de «Los expedientes X».

La trama de la novela consta de muchas capas y ramificaciones, pero se lee con la fluidez de cualquier best seller por la gran variedad de aventuras que viven sus protagonistas. Cabe aclarar, sin embargo, que conceptualmente es un libro complejo y cargado de simbolismos. Varios enigmas quedan sin respuesta, algunos personajes son abandonados a mitad de camino y muchas de las situaciones descriptas son tan surrealistas que podrían formar parte de una película de David Lynch. Esto puede resultar frustrante para aquellos que necesitan que todo tenga su explicación. Pero esta aparente arbitrariedad no es gratuita. Por distintas razones, cada personaje vive un descenso a los infiernos y en esa tarea enfrenta el lado más oscuro de su alma. No es algo que hoy día pueda describirse en términos estrictamente realistas. Pero no hay por qué preocuparse, Murakami compensa estas dificultades con creces.

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