1 de abril 2008 - 00:00
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Una vista de la fachada exterior del nuevo rascacielos del prestigioso diario estadounidense, diseñado por Renzo Piano, autor del Centro Georges Pompidou, entre otros premiados proyectos.
Cuando con Richard Rogers, su socio en los años setenta, Piano ganó el primer premio del proyecto del Centro Georges Pompidou, una catedral de instalaciones a la vista, el gran crítico y arquitecto, Philip Johnson afirmaba que la Edad de Oro recién estaba comenzando y que había que crear edificios que constituyeran paradigmas para que nuestro tiempo fuese recordado. En buena medida el Beaubourg lo es.
El arquitecto genovés ha sido identificado durante mucho tiempo con el Centro Pompidou, inaugurado en 1977. La obra de Piano, sin embargo, no ha cesado su creatividad desde entonces, multiplicándose en número y calidad. Ha trabajo en otros proyectos: la remodelación del complejo industrial de FIAT en Lingotto, transformándolo en un centro cultural y shopping, Turín, el Museo de Ciencias de Amsterdam; el puente de Ushibuka (Japón); y una iniciativa vinculada con el nuevo distrito berlinés de Postdamer Platz.
Piano ha sido celebrado por sus diseños para las estaciones del metro de Génova; el edificio de oficinas Lowara, en Vicenza; el Pabellón Viajero de IBM, que circuló por una veintena de ciudades europeas durante cuatro años. Se destacan también el Museo de la Colección Menil, en Houston (1986); las instalaciones de la Exposición Internacional Colombina, de Génova (1992); Aeropuerto Internacional Kansai, Osaka, Japón (1994), sobre una isla artificial en la bahía de aquella ciudad y un hito en la materia; el Auditorio Parque de la Música, Roma (2002); las mayores salas de concierto contemporáneas de Europa; la Ampliación del High Museum of Art, Atlanta y el Centro Paul Klee, en Berna (2005) donde se alojan la mayoría de las obras de este magistral artista suizo. Parte de esa colección se expuso en Buenos Aires en 1996 organizada por el autor de esta nota.
Piano se considera a sí mismo, un arquitecto perteneciente al siglo XIX y a su gran tradicióningenieril. «La liviandad,que es tan importante en mi obra, lo fue para los ingenieros estructurales del Ochocientos, no así para los pioneros del Modernismo, por quienes siento una enorme admiración, desde luego», sostuvo.
Una gallarda modestia, un rechazo a las ostentaciones se dan en Piano. «Sólo los profesionales menos creativos imaginan que es original todo cuanto hacen», señala, para sostener que «diseñar es hurtar». Y añade: «Me da felicidad robar en arquitectura. Es mucho más honesto decir que la creación es un hurto a decir que es una copia El diseñador no copia, saca de todas partes, de cosas que ha visto, de proyectos que recuerda y aún de los que ha olvidado. Todo procede de alguna parte. Nada viene de la nada. Lo importante es la mezcla de elementos. Qué combinamos y cómo. Eso es diseñar».
Piano considera que «la arquitectura ha sido y sigue siendo una aventura global. En tal sentido, debo definirme como un aventurero. En mi obra se unen la tecnología y el arte, el comercio, el derecho y la política, y también la estética. Todo avanza hacia una conclusión impredecible. Y esta impredecibilidad es, en la arquitectura, la definición de un arte».
El arquitecto, no obstante, no vive en las nubes: «El día en que empiece a dudar de que el diseño puede resolver los problemas sociales y económicos, me tiro de cabeza al Sena», ha dicho Piano a unos periodistas, en su oficina de París. Nacido en Génova en 1937, se graduó en la Escuela de Arquitectura del Politécnico de Milán en 1964. Luego de realizar viajes de estudios por el Reino Unido y los Estados Unidos donde trabajó en el estudio de Louis Kahn, estableció junto a Richard Rogers el estudio Piano & Rogers (1971-1977) y posteriormente el Atelier Piano & Rice hasta 1993, año en que funda el Renzo Piano Building Workshop.
Piano fue distinguido con el Premio Internacional Pritzker 1998 (equivalente al Nobel de Arquitectura) y la Medalla de Oro UIA (Unión Internacional de Arquitectos) 2002.




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