16 de agosto 2006 - 00:00

"El universo de Arlt es cruel, pero no trágico"

Juan Cedrón: «Arlt pintó a los malditos, al tipo que traiciona,al delator. Es un mundo cruel, pero al final está el bailongo».
Juan Cedrón: «Arlt pintó a los malditos, al tipo que traiciona, al delator. Es un mundo cruel, pero al final está el bailongo».
El músico, compositor y cantante Juan «Tata» Cedrón, fundador del cuarteto en 1964 del cuarteto que lleva su nombre, presentará mañana en el Teatro Presidente Alvear «Orejitas perfumadas», espectáculo musical ambientado en los '30 que rinde a homenaje al universo literario de Roberto Arlt.

Walter Santa Ana, Claudio Da Passano, Jana Purita, Alejandra Perlusky, Carlos Durañona y Alberto Rusjan tendrán a su cargo la parte dramática, en tanto que los músicos que conforman el Cuarteto Cedrón son, además de su protagonista en canto y guitarra, Miguel Praino (viola), Jorge Sarraute (contrabajo) y Facundo Torres (bandoneón); Roger Helou participará en calidad de pianista invitado.

«Orejitas perfumadas» transcurre en la terraza de un club de Boedo, donde un elenco de aficionados lleva a escena diferentes pasajes de Arlt extraídos de sus novelas «Los siete locos» y «Los lanzallamas» y de algunos de sus cuentos y «Aguafuertes porteñas».

Cedrón (1939) dejó París hace dos años para venir a instalarse en Boedo junto a su nueva esposa, de origen chileno y madre de su pequeña hija de 8 meses. En Francia quedaron sus hijos mayores, sus nietos y los amigos de 30 años de vida parisiense. «Ojo, que no siempre viví en Montmartre», aclara. «También viví en los suburbios, donde algunos amigos turquitos me enseñaron a hacer cuscus». En su trayectoria (a París llegó en 1972 invitado por el cantante Paco Ibáñez) Cedrón musicalizó poemas de Raúl González Tuñón, Julio Cortázar, Juan Gelman, César Vallejos, Dylan Thomas, Bertolt Brecht y otros autores.

Periodista: Al final pudo más la nostalgia y se quedó en Buenos Aires.

Juan Cedrón: Yo siempre venía, una o dos veces al año, por cuestiones sentimentales. Ahora no sé... ¡Tengo una confusión tan grande! Cuando estaba allá y llegaban las fiestas me agarraba una nostalgia de lágrimas. Y ahora me pasa lo mismo acá. Anoche, por ejemplo, vi una película en donde se veía París y me agarró una angustia tremenda. Pero yo tenía ganas de volver por distintos factores. Después de lo duro que fue 2001, vi cierta esperanza en la gente y tuve ganas de participar, además quería que mi hija se criara en la Argentina.

P.: ¿Y en Francia pudo integrarse o vivía entre argentinos?

J.C.: No, yo estoy en contra de los ghettos, además, tengo un público francés. Yo siempre canto en castellano, pero antes explico el sentido de cada poema y después el público escucha las canciones con un silencio total, como acá. Es algo notable.

P.: Sus hijos se criaron en Francia. ¿Usted todavía conserva la nacionalidad argentina?

J.C.: En casa siempre hablamos en argentino y mis hijos lo hablan muy bien, pero yo opté por la doble nacionalidad porque de alguna manera quería agradecerle a Francia todo lo que me dio. Allá pude trabajar, darle de comer a mis hijos, componer, grabar e incluso enseñar en varias universidades. En el Conservatorio Nacional de Lyon, que tiene 3800 alumnos y es uno de los más grandes de Europa, fundé una orquesta estable de tango y música argentina.

P.: Los poemas de González Tuñón que usted musicalizó describen la vida bohemia como una experiencia luminosa y romántica. ¿El mundo de Arlt es lo contrario, con todos sus marginales y fracasados?

J.C.: Arlt pintó a los malditos, al tipo que traiciona, al delator. Es el primer escritor argentino que narró la violación de un adolescente. Este es un mundo cruel, pero al final está el bailongo. El decía: «No me digan que la vida es triste si la entrada al paraíso cuesta un peso», y «Ojo muchachos con la tristeza, que es un vicio». Ya que lo nombró a Tuñon le recuerdo una frase suya: «Acaso esa tristeza es una forma sutil de la alegría». Bueno, nosotros rescatamos eso: «Mesa de lata, cerveza tibia, el platito con maní, saco y corbata, milonguita de barrio, orejitas perfumadas». ¿No es bello eso de orejitas perfumadas en un salón de baile?

P.: ¿Es ese el mundo de Arlt?

J.C.: Sí, esas cosas le gustaban. A lo mejor era su forma de decir: Sí. Esto es duro, la muerte, el dolor, todo es efímero... Pero vale la pena vivir. El mundo es monstruoso, ya lo sabemos. Mire lo que está pasando en Palestina, la polución, la hecatombe climática, la falta de justicia... son cosas que parecen dichas hoy, pero fueron escritas en 1929. Y luego están sus «Aguafuertes porteñas» en las que hizo observaciones muy jocosas sobre la psicología del porteño y la vida cotidiana. Arlt es uno de los escritores más fuertes de la literatura argentina, me hubiera encantado cruzarme con él. Es nuestro Dostoievsky.

P.: Pero usted nunca hizo de la tristeza su arte.

J.C.: En realidad este espectáculo tiene de todo, no quisimos hacernos los modernos, ni los contemporáneos, ni inventar nada. Los temas que hago tiran más a la década del '30, y a pesar que es dramático, la idea fue divertirnos y pasarla bien.

Entrevista de Patricia Espinosa

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