(10/01/02) «Tanguera». Prod.: D. Romay. Dir. coreog.: M. Godoy. Cor. adj.: L. Roatta. Dir. mus., mús. orig. y arreglos: G. Gardelín y L. Adrober. Vest. C. Monti. Canciones: E. Blazques. Ilum.: A. del Mastro. Dir. de arte y esc.: V. Ambrosio. Dir. gral.: O. Pacheco. (Teatro El Nacional.)
" Tanguera" el musical que abre inmejorablemente la temporada de verano, es un gran ballet d'action, es decir una obra coreográfica con intención narrativa. De ahí que la belleza impactante de sus imágenes y la estructura de los materiales bailables deban mucho al ballet romántico tradicional. Es claro que el lenguaje utilizado por Godoy-Roatta es el del tango, en ocasiones convenientemente estilizado en sus formas y diseños y otras exponiendo su más rancia estirpe de arrabal porteño.
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A lo largo de algo más de 70 minutos de duración, «Tanguera» relata la historia de Francesita (o «Giselle»), que llega a nuestras playas en los primeros años del siglo pasado, engañada con la promesa de una boda que no se concreta. A cambio se le ofrece ejercer la prostitución, aparentemente la única salida válida para una joven que, suponemos, desconocía el idioma y la idiosincrasia de las «madamas» y los malevos criollos. Aunque en el germen mismo de la caída y del sometimiento estaba latente el amor puro que siente -y es correspondido- Lorenzo por Francesita, aun a riesgo de la muerte.
Si bien la secuencia argumental y sus significados profundos no son nuevos, lindando con ciertas convenciones estampadas como un sello en el Buenos Aires marginal del 900, lo que adquiere un valor inusitado es el tratamiento estético-poético de los materiales.
Para contar los hechos se buscó un formato circular organizado en ocho escenas que muestran desde aspectos de la inmigración llegando a la «tierra de promisión», las tareas portuarias, el típico organillero que transita silencioso y espectral entre las nieblas del amanecer hasta las actividades cotidianas en el conventillo, el cabaret y el prostíbulo y el cierre de nuevo, en el puerto. Todo ello como marco social de las aventuras individuales de los personajes centrales de la historia.
La dirección general de Omar Pacheco tuvo su eje en lo dramático. Las resoluciones teatrales de este hábil y reconocido regista del under porteño (fueron muy celebrados sus trabajos «Cautiverio», «Cinco puertas» y «Memoria») si bien de distinto carácter de las que nos tenía acostumbrados, son valiosas y potencian el espacio y sus tensiones, aunándose a las coreografías que fluctúan entre el brillo de la fiesta popular y los duros enfrentamientos entre los hombres, ya sea en las peleas cuchillo a cuchillo o en apasionados encuentros amorosos.
«Tanguera» sobresale por su intensa visualidad. A ella se ha sumado un núcleo de canciones (lo que a veces le da un tinte de comedia musical al mejor estilo Broadway) que complementan con la voz de Lidia Borda algunos resquicios argumentales, categorizando los aspectos sonoros creados por los talentosos Gerardo Gardelín y Lisandro Adrober en la dirección musical (grabada en cintas), música original y arreglos de algunos de los tangos, valses y milongas de la mitología argentina y una buena utilización de las canciones de Eladia Blazques.
Los vestuarios de Cecilia Monti, las escenografías de Valeria Ambrosio y las deslumbrantes luces de Ariel del Mastro terminan por conjugar una síntesis perfecta entre lo visual y lo sonoro.
El regreso de María Nieves y el rol de «Madama» no podían ser mejor recibidos. Uno de los íconos de la danza tanguera de nuestro tiempo sale al escenario y conquista a la platea con su juego de seducción, técnica impecable y carisma intactos. A su danza superior se suma la de Mora Godoy en el papel de Francesita. Sus evoluciones y su arte aprobático causan perplejidad así como el caudal erótico que ha dado a las coreografías. Junior Suares, Juan Paulo Horvath y el ensamble de bailarines ostentan una disciplina y una técnica espectaculares, lo que le da a «Tanguera» un rigor que no desdeña una honda poesía popular, evocación del pasado con la carga energética del presente.
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