«Temperley». Dramaturgia: L. Suardi y A. Tantanian. Dir.: L. Suardi. Int.: M. Lubos, S. Galazzi y F. Falcón. Mús. y dis. sonoro: O. Strasnoy. Esc. y vest.: O. Puppo. Ilum. G. Córdova. (Teatro «Sarmiento».)
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"En un mundo descartable, ¿qué valor tienen nuestras vidas, nuestras experiencias, nuestro tiempo?". Esta es una de las preguntas centrales que plantea el Ciclo Biodrama creado por la directora Vivi Tellas para reflexionar sobre las complejas relaciones ente realidad y ficción. Este ciclo, que comenzó con «Barrocos retratos de una papa» (un trabajo inspirado en la vida de la pintora Mildred Burton, con dirección de Analía Couceyro) y que continúa ahora con «Temperley» de Luciano Suardi y Alejandro Tantanian, propone llevar a escena vidas privadas, es decir testimonios de individuos vivos, insertos en el marco histórico y social de nuestro país. «Temperley» no sólo cumple con creces la premisa de documentar poéticamente la existencia de una persona real -en este caso una inmigrante gallega de ochenta y tantos años-sino que amplía y trasciende esta perspectiva para indagar, muy sutilmente, en el sentido de la existencia humana. Amparo recuerda su pasado y de alguna manera sigue conviviendo con esos seres queridos que ya no están. En escena aparecen fragmentos de su vida: su juventud en Galicia, su llegada a la Argentina en los años '30, el cariño incondicional de su hermana Carmen y otros pequeños episodios y testimonios (centrados muy especialmente en cartas familiares) que dan cuenta de los cambios que fue sufriendo la sociedad argentina en las últimas décadas.
Pero, Amparo es mucho más que una inmigrante típica. Dueña de una sabiduría casi primitiva, esta mujer demuestra un sorprendente equilibrio frente a los terribles avatares de la vida, aún después que la muerte pegó el gran zarpazo. El fallecimiento de su hijo, nieto y nuera en un accidente automovilístico pone en sus labios la pregunta más visceral que puede hacerse un ser humano: ¿Vale la pena vivir? «Si vamos a vivir, vivamos», aconseja Amparo a su marido luego de enunciar uno de los monólogos más delicados y conmovedores que se hayan escrito últimamente. El credo existencial de esta mujer luminosa (enaltecida aún más por la exquisita labor de Marta Lubos, a quien se está viendo también en la estupenda «Lengua madre sobre fondo blanco») logra oponer a la muerte la humilde perseverancia de la vida.
También resultan entrañables las actuaciones de Stella Galazzi (en el rol de Carmen, su amorosa hermana y compañera) y Fabiana Falcón (la joven nuera rebosante de frescura y vitalidad). El director de «La espuma» y «Teresa R.» vuelve a dominar con mano experta el terreno de la memoria, permitiendo en este caso que todo el material (verídico y de ficción) palpite en escena con una perturbadora vitalidad.
•Escenografía
A esto se suma la creativa escenografía de Oria Puppo, que sintetiza con un interesante nivel de abstracción los distintos sectores de la casa. «Temperley» nuclea sin fisuras el acto privado (bodas, nacimientos y muertes) y el hecho trivial (las preocupaciones domésticas de la nuera, por ejemplo) con la reseña histórica (la inmigración y su costo afectivo, la riqueza económica de la Argentina de posguerra, los asaltos a supermercados del '89, etcétera).
En la obra abundan las pérdidas pero hay también lugar para el humor. Quizás el rasgo más conmovedor de esta historia resida en la extraordinaria calidad humana de sus protagonistas.
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