Enredos amorosos de personajes reconocibles

Espectáculos

«La ronda» (Argentina, 2008, habl. en español). Guión y dir.: I. Braun. Int.: M. Morán, S.G. Castiglione, L. Balcarce, F. Mirás, R. Spregelburd, W. Jacob, D. Hendler, M. Piroyansky.

Podía temerse algo pretencioso, ya que el título, la estructura, y la base argumental de esta película suenan como «La ronde», del amargo y elegante Max Ophuls, con Simone Signoret, Jean-Louis Barrault, Danielle Darrieux, Gerard Philippe y otras luminarias, y «La ronde» que hizo después Roger Vadim, con Jean-Claude Brialy, Anna Karina, Jane Fonda (que entonces era su mujer). Ambas adaptaban la pieza teatral «Reigen», de Arthur Schnitzler, médico estudioso de las almas enfermas, contemporáneo de Sigmund Freud, que lo admiraba. También, entre muchos otros, lo admiraron Carlos Hugo Christensen, que inspirado en «Fraulein Else» realizó «El ángel desnudo», y Stanley Kubrick, que destrozó la «Traumnovelle» para hacer «Ojos bien cerrados».

Por suerte sólo son coincidencias. De título, de estructura, y de base argumental. Pero «La ronda» que ahora vemos no es pretenciosa, ni amarga, y su elegancia no es triste y decadente como la de Ophuls, sino luminosa, juvenil. Es cierto, se trata nuevamente de una cadena de personajes viviendo situaciones de amor, seducción, levante, o simple compañía. Vemos entonces a una camarera desengañada por un agente inmobiliario que acecha a la clienta que se reconforta con el pintor de paredes que se acerca a la actriz que se arrima al director, y así, hasta cerrar la ronda, pero ésta, definitivamente, no es de imitación francesa, ni franco-austríaca, sino que tiene respiración propia, estilo propio, y personajes propios de nuestro ambiente, muy bien bordados, igual que el título, según alcanza a verse en la presentación. Hay momentos bien puestos de fantasía, de complicidad con el espectador, música bien aplicada (incluso con buen espacio para Alberto Ginastera), observaciones precisas de contradicciones y comportamientos actuales (quién abre la puerta, quién cocina, quién se impone y de qué modo, etc.), algunos textos que Schnitzler hubiera apreciado, para un análisis más freudiano que literario, como el poema que recita la actriz, «A mí el sushi me pone cachonda», y hay, particularmente, un elenco justo, con especial revelación de Rafael Spregelburd, y deliciosa confirmación del encanto que sabe tener Sofía Gala, gracias a la cual (y a Walter Jakob), esta comedia romántica, porque termina siendo una comedia romántica, se redondea preciosa y hasta primorosamente, con uno de esos finales que permiten salir contentos del cine, con ganas de enamorarse, y de refutar toda la experiencia de Schnitzler, Freud, Ophuls, y demás hombres sabios a los que les colgaron la galleta.

Por ahí podría señalarse alguno que otro leve desajuste, pero nada que afecte su debido disfrute. Autora, en letra y claqueta, la debutante Inés Braun, cuya experiencia previa abarca trabajos como ayudante de dirección de Damián Szifrón y Eduardo Mignogna, y encargada de casting de fuertes producciones comerciales, entre ellas la continuación de «Las crónicas de Narnia». Vale la pena.

P.S.

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