Cuando el público daba por descontado que las entradas para ver a los Rolling Stones estaban agotadas por vía normal (aunque se seguían rematando cientos por Internet, y revendiéndose a través de agencias dudosas al doble de su precio inicial), el domingo una conocida empresa de venta de entradas lanzó los combos «entrada+remera+poster» que se agotaron en menos de un día. Pedían 420 pesos por los paquetes con platea preferencial, 325 por la platea y 260 por el campo y la platea alta, es decir, 100 pesos más de lo que costaba en la venta original. ¿O será que las remeras y el poster cuestan los 100 pesos que hacen la diferencia?
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Los productos sólo podían ser adquiridos por venta telefónica o Internet durante el domingo pues el lunes ya se habían agotado. Sólo seguián ofreciendo merchandising; por caso, un poster a 10 pesos o un gorro a 30, por lo que hay que pagar además 16 pesos adicionales por gastos de envío.
Pero el público tuvo también más motivos de quejas por venta de entradas. Ayer hubo larguísimas colas para ver a Joaquín Sabina, en el mismo Gran Rex y en puntos de venta de esa empresa de tickets: se advertía una demora excesiva en filas que parecían no avanzar.
Los primeros interesados habían llegado a la medianoche y a las 14 de ayer no habían logrado adquirir su entrada. El público, que soportaba estoicamente frente a las puertas del teatro, comentaba que la razón del retraso era desalentar la compra en ventanilla para que se optara por la venta telefónica o electrónica, por la que cobran 16 pesos adicionales, como mínimo, por gastos de envío o de «logística», tal como lo denominan.