22 de febrero 2001 - 00:00

Entretiene fervorosa apología de la gula

Jorge Schussheim y Paco Hasse.
Jorge Schussheim y Paco Hasse.
Es claro que tratándose de ellos, la comida no es simplemente el acto de ingerir alimentos, sino algo que tiene que ver con el ágape de los primeros cristianos, la celebración de la amistad, la nostalgia de la niñez revivida por el perfume de una humeante sopa y hasta la sole-dad de comer «en una cocina a oscuras».

Ismael Hasse ha creado en base a distintos textos, un homenaje que incluye desde la manzana del pecado original, hasta las complejas recetas de Brillat Savarin y de Bocusse, sin olvidarse de doña Petrona y del Gato Dumas.

El recorrido lleva al espectador a través de distintos países y, aromas y sabores se combinan para crear un lazo que abarca distintas culturas. La excusa es entretener a los parroquianos desde que ingresan al local, hasta que la comida esté lista, porque como es de dominio público, ya se sabe que «quien sabe comer sabe esperar».

Jorge Schussheim
y Paco Hasse son los encargados de entretener al público, mientras el cocinero (que se sospecha tiene pocas pulgas) prepara sus recetas, siempre secretas y espera que estén «a punto» antes de presentarlas ante sus invitados. Y no vaya a creerse que el asunto es de poca monta, porque hubo quien terminó ahorcándose por haber cometido un desliz en la preparación de un menú.

El «entremés», brindado por Schussheim y Hasse, es suculento, los textos son ingeniosos y, a veces, bellos, y combinan ingredientes que inducen a la risa, con otros que apelan a la nostalgia, al amor y al dolor.

El espectáculo consigue su cometido, y nadie se impacienta por la demora de la comida, porque después de todo, los anfitriones nutren al espectador con otros alimentos, no tan terrestres, pero igualmente sustanciosos, que ellos sirven con contagiosa simpatía.

Algunas canciones sazonan la espera, y todo se transforma en una ceremonia desprovista de solemnidad. Divertida y nostalgiosa. De modo que cuando la comida hace su aparición, los comensales están más que bien dispuestos a saborearla.

Y justo es decir, como lo diría
«Vallejo», que el «ofertorio es jocundo». Y el menú no decepciona.

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