17 de noviembre 2000 - 00:00

Es casi un documental el libro sobre Gleyzer

Fernando M. Peña, Carlos Vallina, «El cine quema. Raymundo Gleyzer», Ed. de la Flor, Bs. As., 2000, 264 págs.
Buen ritmo, mucha documentación, y señalable objetividad tiene esta biografía del desaparecido cineasta Raymundo Gleyzer, a quien los autores retratan con sus méritos, pero también con sus defectos y errores, propios de una época de fuego: la de los años '60 y '70.
Lo reivindican como significativo documentalista, camarógrafo de noticieros (entre otros méritos, fue el primero que filmó en Malvinas), y sobre todo como valiente autor de films de agitación y propaganda, en especial por la sátira «Los traidores», sobre la burocracia sindical, la película que finalmente le costó cárcel, tortura y muerte. Pero al mismo tiempo lo exponen como un tipo soberbio, maniqueo, hiriente, neurasténico... términos que surgen de boca de los propios amigos del biografiado, ya que (éste es otro de los méritos del libro) los autores simplemente se limitan a transcribir testimonios.
Ellos elaboraron el libro de tal modo, que prácticamente parece la transcripción de los diálogos de una película documental, en cuyo montaje se alternan más de 35 testigos diversos, dándole al conjunto una elogiable agilidad. De la misma manera registran también los errores políticos de
Gleyzer y del partido trotskista en que militaba, y aportan abundante información tanto sobre la muerte de un estudiante a manos de sus propios compañeros de guerrilla, como la muerte de Gleyzer y Haroldo Conti a manos del Ejército. Paradójicamente, los mataron junto a otros veinte trotskistas en represalia por un atentado que (después se supo) habían cometido los peronistas.

A favor y en contra

El libro también incluye opiniones a favor y en contra de sus films -por ejemplo, la extensa crítica del mexicano Carlos de Hoyos sobre «México, la revolución congelada»-, advierte mezquindades y atenciones de Pino Solanas y Octavio Getino, que estaban en un grupo de cine político rival, y destapa la colaboración de gerentes de fábricas, empresarios amigos, y un productor independiente norteamericano en la elaboración y el rodaje de «Los traidores». En suma, un muy destacable trabajo de investigación, revelando entretelones y figuras de aquella época, y de nuestro cine, de las que todavía se sabe poco, aunque ahora se las mencione más seguido.

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