29 de marzo 2007 - 00:00

Espectacular Heródoto con mirada de cómic

Los 300 espartanos que desafiaron a los cientos de miles de persas en Termópilas, recreadoen cine según la estética de la historieta moderna.
Los 300 espartanos que desafiaron a los cientos de miles de persas en Termópilas, recreado en cine según la estética de la historieta moderna.
«300» (id., EEUU, 2007, habl. en inglés). Dir.: Z. Snyder. Int.: G. Butler, L. Headey, D. West, D. Wenham, V. Regan, R. Santoro.

La espectacular «300» cuenta la historia de la batalla de Termópilas, en la que una fuerza compuesta por 300 espartanos enfrentó un ejército persa muy superior en número. Heródoto aseguró que estaba compuesto por un millón y medio de soldados, aunque historiadores modernos cuentan 300.000, lo que sigue constituyendo un combate poco equilibrado.

El rey de Esparta, Leónidas, impedido por el oráculo para organizar un ejército a la altura de la invasión persa, defendió un paso angosto donde el enemigo rey Xerxes no podía desplegar sus temibles fuerzas. Los 300 espartanos soportaron un par de días en Termópilas, sacrificándose para lograr una futura victoria sobre el imperio persa que derivó en la unión de la nación griega, la democracia y las bases de la civilización occidental. La batalla de Termópilas ya había sido filmada con razonable atención al rigor histórico en el excelente film épico de Rudoplh Mate «300 espartanos». Justamente fue ese film el que inspiró a Frank Miller, autor de «Batman», para emprender lo que muchos consideran una obra maestra de la novela gráfica, «300». Si bien Miller se tomó libertades y licencias de todo tipo relacionadas con el formato y la imaginería historietística con la que trabaja, «300» es un comic que en esencia permanece fiel al relato histórico.

Al concebir su película como una versión fidedigna del comic de Frank Miller, el director Zack Snyder necesariamente tuvo que concebir una manera totalmente distinta de aproximarse al género épico. Es decir, no simplemente una de romanos con efectos digitales y absurda corrección política, como el «Gladiador» de Ridley Scott, sino algo nuevo, mucho más ambicioso, que implicara priorizar una estética pictórica, irreal o hiperrealista, sin olvidar que lo que se ve finalmente en la pantalla es una visión contemporánea de un fragmento de historia clásica.

Si bien como toda obra que intenta algo nuevo «300» tiene detalles discutibles ( algunos muy intensos y divertidos, sobre todo en las luchas), no cabe duda de que algunas visiones, como la flota persa enfrentando una tempestad, o el modo de narrar distintas historias dentro de un mismo combate, significan un triunfo de Snyder en su doble apuesta de dar vuelta a un género (el «peplum») sin renunciar a su fin, el de llevar un comic a la pantalla grande de un modo casi literal, pero eminentemente cinematográfico.

«300» también introdujo un debate político, al punto de ser acusada por el presidente de Irán como una declaración de guerra de Hollywood. Por cierto, con un mundo en guerra, el belicoso mensaje espartano podría llegar a interpretarse mal. Lo que no implica que no sea sólo una película, basada en una historieta inspirada por un relato histórico, que jamás debería dejar de volver a contarse.

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