14 de diciembre 2001 - 00:00
"Está faltando un cine argentino positivo"
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Rossana Manfredi
Periodista: Antes de hablar de la película, cuéntenos de usted.
Rosanna Manfredi: Lo mío es sencillo. Llevo 25 años de trabajo. Cuando empecé era la única mujer directora de publicitarios, y quizá por eso la mayoría de los pedidos era de productos para los niños y la casa. El resultado es que tengo más de mil comerciales, varios de ellos muy conocidos y premiados, muchos con niños, con efectos, con juegos, y tengo también, desde hace 20 años, una empresa especializada, Encuadre SA. Lo nuestro es la postproducción, eso de tomar una imagen en crudo e irle agregando capas, y también la integración de dibujos y actores. Así es como conocí a mi protagonista, Micaela Casotto, la nena de una reciente propaganda de gaseosa, que salía de un vaso y caminaba por un mantel...
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R.M.: Siempre tuve ganas de hacer un largo. Por eso aproveché que este año hubo poco trabajo, y nos largamos, los de Encuadre y los del laboratorio de mi marido, Juan José Stagnaro. La historia es sobre una nena que se convierte en dibujo animado, y lucha contra un mago que odia los colores, y está volviendo todo gris. Empezamos en febrero con los dibujos, es decir la parte que lleva más tiempo. La película tiene un 40% de dibujos, incluyendo la mascota del mago, un camaleón llamado Degradé. Pero el equipo ya es experto. Muchos vienen de participar en «Manueli ta», «Pantriste», y la nueva de «Dibu». Entretanto, seleccionamos al elenco infantil, y armamos un taller de teatro, coordinado por la directora Patricia Sadi, habitual colaboradora de Hugo Midón. Durante tres meses los niños vinieron, tres veces por semana, con sus mamás. Me interesaba que se divirtieran, que fueran muy frescos, que jugaran e hicieran improvisaciones. Lo que dicen en la película es de ellos mismos. Para que salga natural, forzosamente debe ser de ellos. No puede ser escrito por nadie. Le digo los nombres: Micaela Casotto (una actriz nata, que brilla delante de la cámara), Camila Franco, Tomás Crespo, Mario Bogado, y Luciano Acosta. El malo es Arialdo Jiménez, conocido rostro del cine publicitario, secundado por Daniel Kargieman. Y la abuela (no puede faltar una abuela) es Chunchuna Villafa-ñe. Nos conocemos de hace años.
P.: Habrán realizado varias publicidades juntas...
R.M.: Ah, no me pregunte cuáles. ¡Hace tanto tiempo! Una aclaración: el referente siempre es Disney, pero nosotros le damos nuestro toque. Por ejemplo, el malo no impresiona como malo. Es un juego, no queremos que algún nene se impresione y la mamá tenga que sacarlo llorando de la sala. Y el final tiene un cierre argentino. Más allá de la diversión, debemos dejar flotando un mensaje. De estas pálidas que nos tocan, debemos construir algo. Le digo, de paso: falta un cine argentino positivo.
R.M.: Bueno, estamos ahí, golpeando las puertas todavía. El costo total es alrededor de un millón, aunque por su factura van a creer que costó mucho más. Es lo que una trae de la publicidad. Me enorgullece el cuidado de la estética. Y mientras golpeamos, seguimos trabajando. «Micaela» ya está casi enteramente compaginada, con su postproducción muy avanzada. También avanzan las conversaciones con un canal, y una distribuidora. En enero, si el país lo permite, la vamos a estrenar. Siempre es mejor enero, porque en julio se concentra mucho material. Pero eso ya no depende tanto de nosotros.
Rosanna Manfredi vuelve al rodaje. Los niños bailan, sus madres miran extasiadas, y del cielo empiezan a caer decenas de burbujas. Al costado, junto a escudos, pergaminos, y trofeos deportivos del tradicional cole-gio, un retrato de la reina madre mira con perfil bajo, al pie de una boca de ventilación. Pero la reina ni aparece. La película es de los chicos.



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