30 de enero 2002 - 00:00

Estudian la secreta sexualidad de Hitler

Estudian la secreta sexualidad de Hitler
(30/01/02) Lothar Machtan «El secreto de Hitler» (Bs.As., Planeta, 2001, 407 págs.)
¿Q
uién fue realmente Hitler? ¿Un monstruo que encarnó como ningún otro al mal absoluto, una existencia de características casi demoníacas e incluso no humanas? ¿O un hombre desquiciado y atormentado por su pasado, un lunático que supo conectarse en el momento exacto con un fenómeno de locura social?

Entre esos extremos se debatió la historiografía de la segunda mitad del siglo XX. Por la razón que sea, la figura de Hitler hechizó como ninguna otra a los historiadores, al punto de convertirse quizás en el hombre al que se le han dedicado más libros y biografías. Pero, paradójicamente, su vida previa a su irrupción como hombre público en la Alemania de entreguerras siempre permaneció en la oscuridad. Sus gustos e inclinaciones, sus amores y sus odios personales, jamás salieron del todo a la luz pública. Es en medio de esta paradoja que irrumpe Lothar Machtan con «El secreto de Hitler. La doble vida del dictador».

El historiador cuenta con credenciales más que suficientes: catedrático de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad de Bremen, se destacó en distintas publicaciones como profundo conocedor de la figura de Bismarck.

Según Machtan, el secreto de Hitler es su homosexualidad, una inclinación que -de la mano de la manía persecutoria que lo acompañó desde su juventud- se empeñó en borrar mediante una empeñosa y a veces violenta destrucción de documentos.

Es en este punto en el que alumbra por primera vez al Hitler humano: subyaciendo al tirano sanguinario y poderoso, aparece como un hombre atemorizado por su propio pasado, a merced de no pocos chantajistas que -temió por

momentos-pudieran poner abrupto punto final a su carrera y a su «misión». Sin embargo, la destrucción de esos documentos y testimonios no fue completa. Por eso sorprende que «el secreto de Hitler» se haya mantenido durante tanto tiempo, apenas balbuceado por otros biógrafos. El haberlo articulado con claridad es el mayor mérito de Machtan. Así, las sugestivas amistades masculinas de su juventud en Viena y durante el servicio militar, su aversión al contacto físico con mujeres, los indicios acerca de una posible prostitución en la Munich previa a la Primera Guerra Mundial -«un El dorado para los homosexuales», como decían observadores de la época-, episodios sórdidos como el asesinato de Ernst Röhm -homosexual públicamente asumido-, su «noviazgo» platónico con Eva Braun y su protección de Albert Speer cobran inesperada claridad a la luz acercada por Machtan.

Pero, ¿qué impacto pudo tener ese rasgo de Hitler -y su consecuencia, de convertirlo en un líder receloso y acosado por extorsionadoresen su rol histórico, que desquició al mundo y dio lugar al exterminio racial más inconcebible de todos los tiempos? Acaso ninguno. Es en este punto que el minucioso trabajo de Machtan se prueba menos satisfactorio. Como él mismo reconoce recién en el último párrafo del libro, la tendencia sexual de Hitler «no ofrece la clave de su vida, pero su conocimiento abre nuevas posibilidades de interpretación. Y si bien no disminuyen de ningún modo la culpa y la criminalidad de Hitler, ni mejoran la apreciación de su política, puede servir para precisar ciertos aspectos de ésta. Lo privado puede ser muy político, y no hay mejor prueba de ello que la que aporta Hitler con la historia de su vida», considera Machtan.

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