Estupenda actriz salva obra algo desarticulada

Espectáculos

«Independencia» de L.Blessing. Dir.: L. Laphitz. Int.: C. Dramisino, C. Chiarandini, M. Recalde y S. Vega. Ilum.: E.G. Lahuerta. Esc.: M. López Lavalle. Vest.: M. Recalde. Mús.Orig.: M. Petrucci. ( Teatro Andamio 90.)

Una madre dominante y tres hijas que no logran liberarse de su influencia -ya sea por inseguridad, sentimientos de culpa o debido a una insana identificación con ella- son las protagonistas de este drama familiar ambientado en un pueblito perdido de Iowa, llamado precisamente Independencia, como para subrayar el juego de analogías.

Evelyn es una mujer pasional y algo perturbada, que tuvo a sus hijas con distintos hombres y sólo puede relacionarse con ellas a través de emociones extremas. Está muy convencida de su ejemplaridad («Di mi vida por ustedes. Mi madre dio su vida por mí. Eso es lo que significa tener una familia, que cada generación esté dispuesta a destruirse a sí misma para los que le siguen después»), pero sus hijas no opinan lo mismo. Sherry la menor, sólo espera terminar los estudios para huir de ese pueblo. Mientras tanto, se acuesta con todo tipo de hombres sin ningún compromiso afectivo y aún así nadie de su familia le presta atención. Jo, que le lleva seis años, es mucho más ingenua y se desvive por atender a su madre. En su tardío debut sexual queda embarazada y Evelyn al enterarse la golpea brutalmente.

A raíz de este incidente la joven teme que su madre se haya vuelto loca (años atrás tuvo una internación psiquiátrica) y reclama la presencia de su hermana mayor, Kess, profesora en una Universidad de Minneapolis y a la que no ven desde hace cuatro años. Aunque es la hija preferida, su madre no ahorra cinismos con ella: «¿Seguís siendo homosexual?, bueno, entonces no hagas nada homosexual mientras estés aquí». Kess viene resuelta a solucionar los problemas de su familia, pero a través de conductas forzadas e instrucciones seudo psicologistas que pasan por alto las verdaderas dificultades de estas mujeres. La escena en la que Kess intenta coordinar una suerte de terapia grupal a la hora del té, vale por toda la obra. Su humor desbordante y los explosivos diálogos que comparten las protagonistas demuestran cuán complejos son estos vínculos primarios.

El dramaturgo norteamericano Lee Blessing (1949) expone casos humanos antes que historias concentradas en un solo tema. Tal vez por eso la pieza resulte algo extensa y desarticulada, con demasiados conflictos en paralelo y cierto descuido al evocar algunos episodios del pasado que resultan demasiado fuertes como para luego no ser tenidos en cuenta. La puesta en escena de Lizardo Laphitz respeta el color local de la pieza (hasta las bolsas de supermercado son de papel como en las películas norteamericanas) y a la vez logra que el espectador sienta que está espiando a una familia real.

Evelyn es el eje de esta historia y Cristina Dramisino se apropia del personaje con una hondura y credibilidad pocas veces vistos en un escenario. Esta excepcional actriz (merecería ser premiada por este trabajo) transmite toda la fiereza y fragilidad de una mujer que no hace otra cosa que destruir aquello que más ama, como diría Oscar Wilde; Cecilia Chiarandini (Kess), Mora Recalde (Jo) y Salomé Vega (Sherry) aciertan con el perfil de sus personajes sin sobresalir particularmente. Al fin y al cabo, es esa madre antológica la que maneja todos los hilos, como en la vida misma.

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