Virtuosi di Praga. Dir.: Oldrich Vlcék. Obras de Mozart y Salieri. Solista: Jan Karas. (Teatro Colón.)
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La tercera jornada del Festival 2006, Mozart & Salieri, que organizó para este año Festivales Musicales de Buenos Aires contó con «Virtuosi di Praga», un conjunto de fama internacional, creado en 1970 por el violinista Oldrich Vlcék, quien todavía hoy lo dirige y del que es concertino.
Al frente de la agrupación que reúne a dieciséis instrumentistas de indudable mérito, Vlcék desarrolló un programa que tuvo a los autores evocados, Mozart y Salieri, en forma excluyente a excepción de los bises que también tuvieron páginas de Dvorák y Gluck.
Lo más interesante del menú preparado para esta ocasión estuvo en la segunda parte, ostensiblemente superior a la primera. Se oyó la Sinfonía en Re Mayor, «La Veneziana», de Antonio Salieri. Organizada en los tres movimientos habituales, todos en modo mayor, la obra ofrece signos de creatividad atendibles en sus breves diez minutos de duración. La interpretación de «Virtuosi di Praga» resultó notable en su simplicidad y contundente sentido rítmico, algo que se vería magnificado luego en la plasmación de la muy hermosa Sinfonía N° 29, en La mayor, K. 201, de Mozart. Cuatro tiempos que se sucedieron ensamblando dinámica y espiritualidad los extremos, reflexión el segundo y elegancia el «Menuetto Trío» que ocupa el tercer lugar.
Aquí, como en la sinfonía de Salieri, los músicos de Praga demostraron el amplio dominio de sus respectivos instrumentos, fidelidad estilística, transparencia, signos de virtuosismo y una disciplina férrea ante las indicaciones de Vlcék desde su puesto de concertino de la orquesta.
La primera parte resultó más modesta con una lectura algo rutinaria del Divertimento en Fa mayor, K. 138 y del Concierto N° 2, en Mi bemol mayor, K. 417, para corno y orquesta, ambas de Mozart. Esta última vino a reemplazar al anunciado Concierto para flauta y orquesta del mismo autor (K. 313), que no pudo ser ejecutado por ausencia de la flautista Zofie Srámková. La parte solista de corno, en cambio, estuvo en manos de Jan Karas, que ocupa un puesto en la orquesta. Lo mejor de éste se oyó en el segundo tiempo que tocó con buen fraseo, legato y expresividad, pero los movimientos extremos fueron mediados con algunos problemas técnicos y de afinación, atribuibles seguramente a una preparación precipitada del ingrato instrumento de viento.
Los bises cerraron el concierto de manera brillante: obras de Mozart, Dvorák y Gluck se oyeron en versiones de singular belleza expresiva e impecable virtuosismo lo que vino a confirmar de manera rotunda que el nombre del conjunto ha sido puesto con total justicia.
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