13 de noviembre 2001 - 00:00

Exhibe Baudizzone sus "espacios alegóricos"

Recuerdos de su viaje a Angola
Recuerdos de su viaje a Angola
En las obras de Miguel Baudizzone (1943), consagrado artista-arquitecto argentino, cuyo imaginario supera la barrera que separa el sueño de la vigilia, la luz y el concepto de espacio son fundamentales, algo que se podrá apreciar en la muestra que inaugurará en la galería Arroyo, el próximo lunes, a las 19.

Las múltiples paradojas visuales de sus historias, aparentemente «absurdas», se desarrollan en escenas insólitas que evocan espacios alegóricos y recuerdos de un reciente viaje de trabajo a Angola.

La cosmovisión surreal suprime los obstáculos para la libre movilidad de las imágenes: normas, recetas y reparos moralistas. La imagen es realidad, una realidad distinta, más de honduras que de apariencias, más histórica que onírica. De ahí que esta imaginación sea también una fuerza de rechazo a lo dado, de cuestionamientos a lo establecido, de repulsa a lo autoritario.

«El eclecticismo es el grado cero de la cultura contemporánea»,
sostenía Jean-Fraçois Lyotard a comienzos del decenio de 1980. Ciertamente lo fue, y sigue siéndolo. Pero este eclecticismo no ha sido una suerte de acomodamiento pasivo de estilos y tendencias sino una liberación activa capaz de permitir la integración de unos y otras, sin limitaciones.

El crepúsculo de los dogmas, el fin de las vanguardias y, con él, la abolición de sus obsesiones por la ruptura y por lo nuevo, cimentaron aquel eclecticismo.

En este conglomerado heterogéneo que es la producción estética de los creadores argentinos aparecidos y/o afianzados en los años '80 y '90, uno de los espacios estéticos que podemos distinguir es el de la Cultura de los Surreal, nombre que hemos adoptado para reivindicar una poética emanada del mestizaje de Europa y la América antigua, y sacarla del marco del Surrealismo francés y sus derivaciones. La Cultura de lo Surreal, restablecida para la América latina desde Buenos Aires, en 1924, por el inagotable Xul Solar, es una constelación de lo alucinatorio, lo precolombino, lo onírico y lo fantasmagórico sustentada en el rechazo de dogmas académicos y modelos obligatorios o aceptaciones establecidas.

Enfoque

Suele considerarse la alucinación, el delirio, como un extravío relativo a las facultades mentales; para la Cultura de lo Surreal, en cambio, son actitudes positivas -constituyen los cimientos de un arte más sensible-que el hombre no pierde sino que ejerce. Este es uno de los motivos por los cuales esta cosmovisión que proviene del pasado americano acude a la invención y no cae en el pesimismo ni el abandono, que caracteriza a los argentinos de hoy.

Las obras de
Baudizzone presentan la tensión del enigma en paisajes surreales donde asombra lo insondable de la subjetividad humana, fuente de todo (el) ser.

Sus imágenes -arbitrarias, intraducibles, contradictorias, ocultadoras, alucinantes-son de otro mundo.

Macedonio Fernández
, nuestro admirable poeta, sostuvo que «no toda es vigilia la de los ojos abiertos». Baudizzone parece compartir esta idea, que reivindica en el hombre la potestad de ensoñación como clave de su espíritu. El obligado racionalista que hay en todo arquitecto cede en Baudizzone al voluntario sensibilizador que hay en todo artista.

En sus dibujos, de colores apagados y trazo suelto, uno de los temas es el desnudo femenino, que no aparece como exaltación de lo sensual; por el contrario, su presencia en las escenas de la comedia humana es tan regular que termina por ser una simple referencia. Es que todos los seres, incluidos los animales, de las estampas alegóricas son como actores, obligados a desempeñar un papel que tal vez no conocen de antemano o que les ha sido adjudicado por el azar. Uno de esos personajes es acaso el artista, que no sólo crea las situaciones sino, además, las vive, o que no sólo las vive sino, además, las crea, es indistinto.

En esta muestra, el artista suma a sus representaciones dominantes, tornillos, clavos, zapatos, barreras, figuras invertidas, pájaros, mujeres y formas que descubre en su viaje a Angola, en las que incluye imágenes ligadas a las máscaras, las calaveras y la muerte.

No se trata de un cambio esencial sino anecdótico: sólo un giro en la temática visual.

Los ejes de sus obras siguen siendo los deseos, las historias, las fantasías y las obsesiones, que
Baudizzone representa a la manera de un divertimento en torno a situaciones oníricas y en las que las máscaras se constituyen en un escenario de fondo, un factor simbólico recurrente en esta propuesta que tiene, indiscutiblemente, reminiscencias expresionistas.

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