2 de mayo 2002 - 00:00

Exige paciencia, pero es buen film

A la izquierda del padre
"A la izquierda del padre"
«A la izquierda del padre» (Lavoura arcaica, Brasil, 2001, habl. en portugués). Guión y dir.: L.F. Carvalho, sobre novela de R. Nassar. Int.: S. Mello, R. Cortéz, J. Carneiro da Cunha, S. Spoladore, L. Medeiros.

Provoca sensaciones contradictorias este desmesurado drama poético, sobre un hijo de libaneses alterado entre la rectitud paterna, la dulzura materna, y las formas turgentes de la hermanita, en el fértil interior brasileño de otros tiempos. Inspirado en la novela «Labor arcaica», de Raduan Nassar, a quien muchos comparan con Guimaraes Rosa y Clarise Lispector, el director debutante Luiz Fernando Carvalho ya está siendo comparado con Luchino Visconti y Glauber Rocha. Ninguno de estos datos es despreciable, aunque...

Fotografía de luz renacentista, música de proyección árabe, y textos exquisitos sirven a la obra, pero tales méritos se diluyen en la extensión y la declamación exacerbada de algunas partes. De ahí las sensaciones contradictorias. Por ejemplo, cuando, hacia los 90 minutos, el hijo pródigo mal encarado grita «¡La impaciencia también tiene derechos!», uno tiene ganas de darle la razón, y ya se está levantando para irse, pero de inmediato queda fascinado por la siguiente escena, y así, sucesiva y alternativamente, hasta el final, y qué final.

A propósito, ¿por qué pensamos que la tragedia sólo puede abatirse sobre los más jóvenes? El texto expone la crisis de un joven que halla inconsistentes los sermones paternos, pero que se define como un enfermo «volcado a lo obsceno, ya que su naturaleza frágil lo empujaba a manchar lo sagrado», y así resuelve «irme, sabiendo cuánta decepción me esperaba fuera de los límites de nuestra casa». Y habla también de la crisis de la familia patriarcal, o de las utopías, «enfrentadas con los gritos y gemidos de los excluidos, una categoría que existirá siempre y necesariamente en cualquier sociedad», como ha sugerido el propio Nassar.

Sorprende Carvalho, debutando con una obra de enorme aliento formal, mítico, y de producción. Dicen que antes del rodaje, los actores pasaron medio año trabajando en una hacienda de Minas Gerais, para hacer más creíbles sus personajes. Y la chica que hace de hermana, otros seis meses practicando la danza del vientre. Muy bien. Cuando ella irrumpe en una fiesta campestre, todos en ronda bailando el dabk, raja la tierra. Y hay que verla al final, si uno llega al final, cuando agasaja al hermano.

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