25 de febrero 2004 - 00:00

Fallida ficción política

Santiago Gamboa «El cerco de Bogotá» (Bs.As., Ediciones B, 2003, 201 págs.)

Ejército, paramilitares y guerrilla combaten por el control de la ciudad de Bogotá. El gobierno ha huido a Cartagena. Mientras la violencia estalla por todas partes, sumando atrocidades, dos periodista, una islandesa y un maltés, entre orgías y cocaina,investigan la trama secreta de un tráfico de armas entre la guerrilla y el ejército, que los llevará a «un conflicto envenenado». Esa es la trama de la nouvelle (un relato de unas 80 páginas) que junto a cinco relatos más forman este libro, el primero de cuentos del escritor colombiano Santiago Gamboa, considerado uno de los líderes de la «nueva literatura colombiana».

Salvo alguno de los cuentos, todos tratan de las peripecias que viven periodistas en universos de conflicto. En la novela corta, que da titulo a la obra, Santiago Gamboa realiza un ejercicio de política ficción, intenso pero no profundo. El escritor ha sostenido que gracias a su voluntario exilio (residió en Madrid donde, en la Universidad Complutense se doctoró en Filología Hispánica, luego vivió en París y ahora en Roma) ha podido volver a contar los padecimientos de su país, que vive un feroz conflicto crítico. Sin embargo, en su novelita se interesa más por el sexo, el humor y las situaciones disparatadas que por narrar el terror de un territorio dominado por el caos y la violencia. Decididos a escapar del dominio de la fantasía y la prosa de Gabriel García Márquez, quienes son vistos por la crítica como los díscolos nietos literarios del Premio Nobel, convierten el «realismo mágico» en una suma de situaciones disparatadas y delirantes. Gamboa, en «Los impostores», una de sus novelas mas festejadas, hacia una parodia de la novela policial que transcurre en la China actual. Imaginación no le falta. El cuento «Clichy: día de vino y rosas» remite a los cuentos donde Julio Cortázar trazaba «pliegues en el tiempo», en este caso revive la relación entre Anaïs Nin y Henry Miller en París, pero a través de una pareja en los años '90.

Manuel Soler Herrera

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