14 de agosto 2008 - 00:00

Faltaron los aliens a estos Expedientes X

Entre el thriller y el melodrama, la nueva aventura de losagentes Mulder y Scully es original (no hay extraterrestres)y aunque a veces peligre el ritmo y el suspenso, al final cierratodo.
Entre el thriller y el melodrama, la nueva aventura de los agentes Mulder y Scully es original (no hay extraterrestres) y aunque a veces peligre el ritmo y el suspenso, al final cierra todo.
«Expedientes secretos X-Quiero Creer» (The X Files I Want to Believe, EE.UU., 2008). Dir.: C. Carter. Int.: D. Duchovny, G. Anderson, B. Connolly, A. Peel, M. Pileggi.

La primera secuencia de este regreso de los agentes del FBI Mulder y Scully remite directamente a un clásico del cine sobre extraterrestres: una horda de uniformados haciendo un círculo en el hielo, es una imagen eternamente asimilada a la producción de Howard Hawks «El enigma de otro mundo». Lo único que en esta segunda película sobre los «X Files», no es al cielo donde hay que mirar. Vale decir que los fans de la ya clásica serie televisiva deben respirar profundo y entender que éste es un regreso sin aliens. Curiosamente, tampoco hay conspiraciones serias del Gobierno que intenten tapar asuntos raros. Todo lo contrario, el FBI quiere de vuelta al ex agente ahora fuera de la ley Fox Mulder, y lo localiza a travás de la ahora simplemente doctora Dana Scully.

El FBI todo lo perdona, al punto de que en lugar de querer ocultar algo, busca aclarar una serie de desapariciones con la ayuda de un cura católico que asegura tener poderes psíquicos, lo que hasta el momento sólo ha servido para descubrir miembros de personas descuartizadas. Mulder es requerido para trabajar con el torturado sacerdote, acusado de 37 casos de abuso de menores. Scully sigue siendo la escéptica, y Mulder se empecina en creer en todo, lo que le significa seguir aguantando burlas de sus colegas por afirmar que a su hermana la secuestraron los ET.

Lo que van encontrando es lo suficientemente retorcido como para incluir experimentos totalmente truculentos casi al viejo estilo de la Hammer Films. Pero en el medio de un sólido thriller con toques paranormales, aparecen guiños del pasado de este dúo de investigadores que estaban desaparecidos desde hace una década, Es rara y bastante audaz la forma en la el director Chris Carter -el creador de la serie- intentó sacar de su retiro a esta pareja enfrentada durante varias temporadas televisivas a todos los misterios y secretos del mundo moderno. El largometraje anterior -producido antes del declive del éxito de la serie-proponía, más convencionalmente, una versión más grande y estilizada de la misma fórmula. En cambio ahora, cuando la lógica estrategia hollywoodense obligaría a retomar los temas más populares y contundentes con los que conquistó al público en su momento, Carter decidió enfrentar a sus personajes con un problema de fe que le da insospechados aires de melodrama a una historia que, en sus buenos viejos tiempos, hubiera sido uno de esos episodios más dirigidos al terror sobrenatural o al psychothriller, que de algún modo servían de recreo a la conspiración extraterrestre de siempre,

La elección de Carter tiene sus recompensas, por original, pero también arriesga el ritmo y el suspenso al no poder evitar ahondar en la relación personal entre los dos protagonistas, con algunos momentos de lenguaje más televisivo que los de la propia serie de la década de 1990. En un momento, Gillian Anderson casi le dice textualmente a David Duchovny que lo suyo es imposible porque son de mundos diferentes, y hasta aparece una tercera en discordia, la joven agente Amanda Peel, justamente la que convocó a la oveja negra del FBI debido a su admiración por sus estudios en lo paranormal.

Pero si en algunos momentos la telenovela hace trastabillar al thriller, el guión se las arregla para que todo cierre al revelar el verdadero sentido místico del título de la película, «Quiero Creer», que al final, va más allá del mero slogan de los seguidores del fenómeno OVNI. No en vano el único elemento sobrenatural del film es la presunta videncia de un cura descastado, y no por nada Scully es médica en un hospital católico donde tiene que aferrarse a un milagro para curar a un chico de una enfermedad rara y terminal.

Los dos protagonistas hacen grandes esfuerzos por ser los mismos de siempre, a pesar del tiempo transcurrido, y la verdad es que lo logran. Billy Connolly se roba algunas escenas en un personaje tan difícil como el del cura en busca de redención a través de un presunto don divino en el que, por supuesto, pocos creen.

Al final de los créditos hay una sorpresa. Eso sí, recuérdese que los extraterrestres no aparecen por ningún lado.

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