5 de abril 2004 - 00:00
Ferrari: luego de la rebeldía, la belleza
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Obra de Ferrari
«Juramento», un inodoro donde se visualiza un discurso bien legible y cargado de frases retóricas escritas con tinta negra, tiene la gracia del efecto: las palabras parecen girar para irse finalmente por el caño. Pero la contundencia explícita de esta obra es una excepción. La muestra descubre un artista cuya sensibilidad afinada contrasta con la del militante, y además una producción que si bien no ha permanecido oculta, quedó opacada ante el gran público por el arte de agitación ideológica.
Así, en una clave conceptual, la obra provoca reflexiones sobre el sentido y sinsentido de los textos, sobre las posibilidades siempre diversas de comprensión y la dificultadinterpretativa. Sin embargo,la muestra atrae en primerainstancia por la belleza de los rasgos de puño y letra, que levísimos o rotundos, están sabiamente utilizados como vehículos de seducción.
«El ritmo de lo escrito es el ritmo del que escribe», dice el verso de Alberto Girri, y cada uno los casi 50 dibujos de Ferrari es un sugerente registro gráfico del ritmo que lo inspira. Luego, para develar los enigmas que encierran los dibujos, es preciso tener en cuenta que Ferrari vivió el exilio político. Si se conoce su historia, las obras que imitan la escritura donde subrepticiamente incluye algunos términos comprensibles, resuenan como mensajes ocultos, enmascarados en el enmarañado simulacro de un texto. De la época de su exilio en San Pablo, se destacan «Um senhor apartamento» (1982), pequeño collage sobre papel de diario y Letraset, que al igual que las esculturas de alambre o «esculturas aéreas», sorprende por su mágica y a la vez sutil complejidad.
Y el mismo espíritu ostenta la serie de obras que Ferrari dedicó a Borges, donde escribe (dibuja) sus poemas, algunos en Braille, sobre los desnudos de Man Ray y Egon Schiele. Es que en «Escrituras», Ferrari parece haberse liberado de la militancia para dar rienda suelta a su propia vocación poética, al igual que en la muestra de sus mapas urbanos o «heliografías» (1980), otro capítulo brillante de su trayectoria que el año pasado presentó el MAMBA.




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