6 de octubre 2005 - 00:00

Forman revive a Goya en una Segovia disfrazada de Madrid

Figurantes para «Los fantasmas de Goya», versión de la vida de Francisco de Goya queMilos Forman filma en Segovia. (arriba) La película tendrá un costo modesto para los estándareseuropeos (20 millones de euros) y la produce Saul Zaentz,que ya hizo «Amadeus» con Forman. (abajo)
Figurantes para «Los fantasmas de Goya», versión de la vida de Francisco de Goya que Milos Forman filma en Segovia. (arriba) La película tendrá un costo modesto para los estándares europeos (20 millones de euros) y la produce Saul Zaentz, que ya hizo «Amadeus» con Forman. (abajo)
Segovia - Al resto de la ciudad poco le importa. Es tan antigua, con su acueducto romano y su alcázar, que ya ha visto pasar de todo. Pero los comerciantes del centro histórico, los actores aficionados de la ciudad, y hasta unos cuantos discapacitados piensan distinto, y por distintos motivos. Es que Milos Forman está rodando allí parte de su nueva película, «Los fantasmas de Goya». Los comerciantes ven entonces una buena indemnización por lucro cesante por el tiempo que deban cerrar sus negocios para no entorpecer el rodaje, y los otros ven una buena posibilidad como figurantes.

Se trata de una superproducción de Saul Zaentz, con quien Forman ya había hecho «Atrapado sin salida» y «Amadeus». Precisamente, la directora de arte de «Amadeus», Patricia von Brandenstein, se ha encargado durante todo setiembre de hacer tapar cualquier rasgo de modernidad, sean cables o carteles, hasta convertir el centro histórico de Segovia en un viejo barrio madrileño, que es donde transcurre parte de la historia. En efecto, los hechos que cuenta «Los fantasmas de Goya» pasaron en Madrid, pero el cine es el cine.

Más tarde, el guionista Jean-Claude Carrière explica a este diario que se trata de «un drama bastante tortuoso, porque cubre diversos episodios de la Inquisición y de la invasión napoleónica, vale decir el paso de la sartén al fuego, porque una representaba lo más reaccionario y la otra quería imponer la revolución por el terror. Francia dijo que venía a liberar al pueblo español de las cadenas de la monarquía, y la plebe fusilada el 2 de mayo moría gritando '¡Vivan las cadenas!', y eso es lo que reflejó Goya en sus cuadros». Esos cuadros, que la película escenifica, son, entre otros, «Los fusilamientos del 2 de mayo» y «La carga de los mamelucos».

El rodaje empezó a fines de setiembre, con la linda Plaza de las Sirenas convertida en un sucio mercadito (o mercadillo) madrileño de 1808, lleno de cestas, pregoneros, vividores, y animales de granja y de los otros, una escena meramente pintoresquista, hasta que irrumpen los soldados franceses a sangre y fuego.

Se ven ahora los preparativos de la carga de mamelucos egipcios, que eran algo así como los gurkas del ejército francés, irrumpiendo por las callejuelas empedradas de la Iglesia de San Esteban. Pero únicamente los preparativos, que sólo son para un par de tomas complementarias de una escena filmada el día anterior, rodadas por directores de segunda unidad, y encima con largos ratos de espera entre toma y toma.

Con los nervios de la primerasemana, Milos Forman no habla por ahora de la película. Stellan Skarsgard (que interpretó a Wilhelm Furtwängler en «Taking Sides»), como el pintor, Natalie Portman como una linda mujercita acusada de herejía, y Javier Bardem como el cura Lorenzo, pero no el que jugaba al fútbol sino el de los interrogatorios bajo tortura, están calmando sus nervios y aburrimientos en un hotel con pileta.

También los extras están aburridos esperando la voz de acción, sólo que en una calle sin sombra y con sus caballos bufando, rodeados de moscas. Los 30 euros por jornada les permiten soportar los 29 grados de temperatura que hay en la siesta de este curioso otoño castellano. Y además de los 30, la gloria, que luego el montajista terminará cortando. Al menos ya gozan el pequeño estrellato de saberse fotografiados por decenas de turistas ingleses y japoneses, y hasta por algunos turistas argentinos que, ya que estamos, preguntan por algún papelito. Imposible, hay que estar sindicado.

Los extras que provienen de grupos teatrales de Segovia tienen la posibilidad de lograr un plano cercano, y hasta alguna frase breve. Pero en todo caso, tanto sean actores locales o simples comparsas, no los contrataron por su talento, sino por su posible fealdad. En cámara deben dar como rostros goyescos, vale decir feos, de rasgos duros, si es posible de perfiles lombrosianos.

Y mientras los figurantes soportan el sol en espera de la gloria y de la paga, los comerciantes «afectados» ya están en la gloria, porque ya recibieron su indemnización anticipada en pago de haber cerrado sus locales. Uno de ellos recibió tanto, que, según se dice, con esa plata se llevó a la familia al Brasil, para ver la carrera de Fórmula Uno donde el asturiano Fernando Alonso se consagró campeón. Eso sí que es la gloria.

Se dice que en algún lado está
Natalie Portman, pero es sólo una ilusión. La única actriz conocida que aparece en la tarde segoviana es Blanca Portillo, la odiosa nuera de China Zorrilla en «Elsa & Fred». Película dentro de la película, un joven lisiado, que hace de víctima de la soldadesca, luego de filmar su parte se va, vestido de época, en una preciosa silla de ruedas a motor, bien de esta época.

El rodaje seguirá luego en el Palacio de Aranjuez, el Museo del Prado, de Madrid, y un lugar que en pantalla tendrá que lucir, si o si, no por razones dramáticas, sino por su costo de producción: el palacio del Infante
Don Luis de Bobadilla. Nada boba, la Comunidad de Madrid dio su permiso de rodaje en El Prado, solo si la empresa productora donaba 300.000 euros para restaurarle la fachada al palacio. Un gasto entre otros, si se quiere, considerando que la película tendrá un costo total de 20 millones de euros.

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