5 de junio 2002 - 00:00
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Periodista: ¿A qué atribuye el éxito de «Monólogos de la vagina»?
Catherine Fulop: Creo que transmite lo que hablábamos al principio. Cuando leí el guión terminé llorando, histérica, a la mañana siguiente amanecí con los ojos hinchados. Me provocó mucha emoción porque la obra pasa por distintos momentos, de risa, de angustia, de bronca, donde te sientes solidario con lo que estás diciendo, te sientes una guerrera.. y el final es muy emotivo.
P.: ¿Qué monólogo la divirtió más?
P.: ¿Hay algún monólogo con el que se sintiera especialmente identificada?
C.F.: Sí, con el del parto, donde siento que se describe lo que me pasó a mi. A veces Graciela Dufau decía «¿no será mucho, decir esto de los coágulos?» y yo le confirmaba que sí, que son coágulos lo que tenemos, que la vagina tiene los moretones astillados y que te arrastras en cuatro patas, que te duele, que estás desecha y bañada en lágrimas recibiendo al bebé. Y con ese monólogo lloro siempre porque me transporta a mi parto. Mis dos partos no los viví como en la época de Graciela, que dormían a las mujeres y no las dejaban vivir ese momento. En el último, me pusieron un espejo para que me viera mi vagina y cuando la vi sentí vergüenza, estaba deforme, pero acepté verme porque si todas esas personas me veían, quería verme también yo.
P.: ¿Cree que los hombres disfrutan de la obra igual que las mujeres?
C.F.: Diría que es una obra para hombres. Los que vienen a verla salen emocionados, más que las mujeres. Y si me amaba, después de esta obra, me idolatra. Ova vendrá, por su puesto, al estreno pero más interesante va a ser la presencia de mi suegro.
P.: Lo dice porque es su primer papel fuera de comedias o telenovelas.
C.F.: No imagino cómo resultará para ellos ver a esa otra Catherine, más introspectiva. Es una lástima que haya tan poco tiempo de ensayo porque son sólo diez días, si tuviéramos más tiempo podríamos indagar más.
C.F.: Mi personaje tiene intervenciones así que acepté por eso, no quería estar todo el día metida en un estudio de televisión. Si pega mi papel, quizá Cris quiera que aparezca más.
P.: ¿Cómo cuadra ese programa excesivamente frívolo en la crisis actual de la Argetina?
C.F.: No estoy de acuerdo con que sea frívolo porque el tema central es la rebeldía adolescente, que se da en todas las clases sociales. Están los chicos que vienen de padres que no ponen límites y aquellos de bajos recursos que tienen que entrar en el círculo de los chicos ricos para subsistir. Y si se critica que los personajes son extremados. Creo que la televisión está para divertir. No hay que analizar esta novela como una realidad, este colegio no existe en la Argentina. La televisión no está para cultivar.
P.: ¿Su personaje de vedette y la relación con su hija están inspirados en Moria Casán y Sofía Gala?
C.F.: Puede tener algún punto en común pero mi personaje representa a todas esas mujeres actrices, que vivimos una vida tirana por la televisión. Sufrimos muchas horas de grabación, no tenemos horarios, nos debemos a nuestra imagen y físico. Con la vedette de «Rebelde way» interpreto a esas mujeres que se hacen una coraza, que no lloran, que hablan de su vida íntima como de pintarse las uñas, que nadie las pisa. Para el personaje pensé mucho en Brigitte Bardot, en Elizabeth Taylor.
P.: ¿Y usted se inscribe en la categoría de mujeres que acaba de describir?
C.F.: Yo quisiera que la gente me viera como la persona que soy, deben pensar «ella es perfecta» pero no es así, me levanto horrible, con la cara hinchada, cuando me embaracé me manché la cara, me salían herpes, granos. Me pasa de todo, igual que a todas, sufro lo mismo, tengo problemas con mi pareja y mis hijas. Cuando estoy bien me dan ganas de contarlo pero se me viene en contra porque dicen «esta es mediática, es frívola, le gusta salir en las revistas».
Crisis
P.: ¿Cómo afectó a su familia la crisis que vive el país?
C.F.: No descartaba irme del país porque tenía una propuesta de Miami. Pero yo sé lo que es vivir en otro país, ser extranjera y pagar derecho de piso, entonces le dije a Ova que nos quedáramos porque sentía que cuando en mi país la pasaron tan mal yo me escapé y nunca estuve para pelearla. A nosotros nos fue mal el año pasado: Ova estrenó la película, hicimos «Extraña pareja», después vino el caos y todo mal. Pero yo crié acá a mis hijas y quiero seguir acá, por suerte surgieron trabajos.
P.: ¿Qué opina del aluvión de actores argentinos que emigra?
C.F.: Si quieren probar suerte afuera me parece bárbaro, yo ya lo hice y sé lo duro que es. Sé lo que es el desarraigo y extraño a mi familia. Es vivir con una herida, cuando suena el teléfono a la noche sé que es para decirme que pasó algo en Venezuela, se vive con miedo.


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