A la vista del empobrecimiento argumental, estilístico y temático por el que atraviesa el cine hollywoodense de hoy, se, añora la seguidilla de películas interesantes, desafiantes, que ofreció la década del '80.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Un título para destacar de ese momento es «Robocop», el primer film totalmente norteamericano que encaró el holandés Paul Verhoeven.
La apertura de la película incluye un flash de noticias en el que asistimos a un futuro decadente en el que el disparo accidental de un láser espacial desata un incendio forestal de proporciones, entre otras maravillas modernas. A poco de iniciarse, también nos enteramos de que una multinacional, OCP, es la encargada de administrar a la policía de Detroit, a la vez que pretende demoler la ciudad para construir un nuevo complejo urbanístico, pleno de rascacielos. Pero para poder llevar adelante su proyecto, OCP debe pacificar al violento detrito delictivo que campea en la ciudad.
Obviamente, tal pacificación no está relacionada con el bienestar público sino con el desarrollo de nueva tecnología, de productos que puedan encontrar, más adelante, ávidos mercados y producir mayores beneficios para la empresa.
La ironía es la marca registrada del trabajo de Verhoeven, verificable en películas como «El vengador del futuro», «Showgirls» -para muchos malograda, pero perfecta a la hora del sarcasmo- o «Invasión», y ya comenzaba a delinearse en su mejor versión en este debut americano en el que, más allá de una historia maniquea y bien dentro de los cánones de la industria y de la acción, se plantea un futuro distópico que se parece bastante a la década del '90 y al surgimiento de una postura conservadora. Claro que en los '80 era lícito apelar al hiperrealismo, que la sangre parecía sangre, los delincuentes hacían su parte obviando los guantes blancos y la acción no estaba tamizada por una moralina que no se condice con la realidad.
Dejá tu comentario