23 de agosto 2002 - 00:00

"Gente como Soledad revivió al folklore"

Roxana Carabajal
Roxana Carabajal
Aunque ya tiene peso propio dentro del género, sobre todo después del premio Consagración en el Festival de Cosquín 1999, Roxana Carabajal pertenece a una de las dinastías más ilustres del folklore argentino. Es hija de Graciela, sobrina de Peteco, nieta de Carlos, sobrina nieta de Cuti. Pero los parentescos se cruzan con muchísimos otros del mismo apellido, que a fuerza de calidad y cantidad se han hecho conocidos en todo el país. «Yo nací en Buenos Aires» -relata en diálogo con este diario, a propósito del recital que dará mañana en el Espacio ND/ Ateneo-«pero de muy chiquita me llevaron a vivir a la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero. Ahí me crié igual que todos, con la misma pobreza, en el mismo patio de tierra, escuchando y cantando las mismas canciones. Por eso, a pesar de las diferencias que hay entre muchos de nosotros, como en cualquier familia, nos une la música».

Periodista: O sea que lo suyo es casi genético.


Roxana Carabajal:
Yo lo siento exactamente así. Como si la música fuera algo genético y hereditario. Mi abuelo Carlos, según me cuentan, ya me subió a un escenario cuando tenía tres años. Después volvieron a subirme en una peña a los 8 ó 9. Y se ve que me gustó, porque nunca más me bajé. Trabajé con mi abuelo en peñas por distintas provincias, después participé de la banda de Peteco, y finalmente decidí largarme como solista.

P.: Usted empezó a hacerse más conocida justamente a partir de esa participación en el grupo de Peteco Carabajal...


R.C.:
Exacto. Esa etapa fue importantísima. Porque me dio la posibilidad de cantar pero además de recorrer todo el país, de conocer gente, de hacer amigos. Y así me fui ganando el cariño de la gente. Por eso, cuando me largué sola, no fue como comenzar de cero. Aproveché la situación de que Peteco decidió cambiar su grupo para probar; y así nació el primer disco, «Astilla».

P.: En diciembre del año pasado editó «Fe», el disco que va a presentar recién ahora en Buenos Aires ¿Por qué dejó pasar tanto tiempo?


R.C.:
Lamentablemente, ese disco apareció en un momento muy malo. Obviamente, las prioridades de la gente estaban en otra parte y por eso me quedé calladita, sin hacer demasiada difusión, sin grabar ningún video, y sin presentarlo en Buenos Aires. No es que estemos mucho mejor ahora, pero creo que la cosa está más tranquila. Y por eso, vamos a relanzarlo con algunos temas más y lo voy a presentar mañana en el ND/Ateneo.

P.: ¿Se siente parte de la movida del llamado «folklore joven»?


R.C.:
Con Peteco y con mi abuelo aprendí a abrir la cabeza, a no quedarme solamente con lo tradicional. Carlos fue un renovador; él le cambió el rasguido a la chacarera. Y Peteco -con otros músicos-, en su época con MPA, fue muy importante en los cambios instrumentales. Esa es la línea que quiero seguir. Porque la gente joven necesita más fuerza, mayor contundencia; sin perder la raíz y sin olvidarse de dónde venimos. Algunos piensan que porque uso un pantalón de cuero para cantar, me estoy haciendo la roquera. Pero no es así. Si me sintiera más cómoda con una bombacha, la usaría; simplemente uso ropa que me resulta cómoda y me gusta estéticamente.

•Identificación

P.: Bueno, pero eso no contesta la pregunta.

R.C.:
Sí. Me siento parte de esa nueva generación. Más allá de cosas que puedan no gustarme, es imposible no reconocer el impulso que ha tenido el folklore gracias a gente como Soledad, Los Nocheros o Luciano Pereyra. Pero hay otra gente, como Tamara Castro, Los Tekis, Los Alonsitos o Raly Barrionuevo, que es con quien más me identifico. Yo quiero ser una más entre ellos. Y tampoco me cierro a nada. Para la reedición del disco, quizá incluya algún tema más melódico; me he juntado con Paz Martínez para ver si escribe especialmente una canción para mí.

P.: ¿Se enojan en su familia si no canta temas compuestos por un Carabajal?


R.C.:
Algo de celos hay, es verdad, cuando uno decide cantar otras canciones. Yo siempre he incluido temas de Carlos o de Peteco en mis discos. Pero también me gusta hacer otras cosas, como el «Cristo americano», o algunas composiciones de los hermanos Simón, o del Cuchi Leguizamón, o de Tejada Gómez.

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