14 de noviembre 2001 - 00:00

Gogol resiste hasta versiones confusas

Personajes de El inspector general
Personajes de "El inspector general"
«Rapsodia provinciana», de D. Amitín. Vers. de «El inspector general», de N. Gogol. Dir.: D. Amitín. Esc. y vest.: M. J. Bertotto. Mús.: O. Trussi y A. Ginastera. Int.: J. Ochoa, P. Gilmour, L. Oviedo, D. Toppino, J.P. Reguerraz y elenco. (Teatro El Portón de Sánchez).

 
Su amigo Pushkin fue quien sugirió a Niklai Gogol el argumento de «El inspector general», obra a la que el autor definió como un típica «comedia de errores». Estrenada en el Teatro Aleksandrinski, en presencia del emperador y su familia en 1846, la obra desató tales polémicas, que seis semanas después de su estreno, Gogol decidió abandonar Rusia.

Acusado de denigrar a su país, el escritor trató inútilmente de demostrar sus buenas intenciones, alegando que su deseo era captar «lo que nos rodea cotidianamente, lo que nos acompaña siempre, lo que es común», sin caer «en la mediocridad del melodrama que agarra sólo lo que se sale de la regla, lo que sólo sucede raramente, optando por la fealdad y la desarmonía». Pero la obra desconcertó al público y sólo el apoyo del emperador, a quien agradó la obra, salvó a Gogol de las garras de los censores. Los conservadores veían en ella una calumnia y una propaganda peligrosa, mientras los liberales, encabezados por Bielinski (uno de los críticos más importantes de época), la consideraron un juicio moral de la realidad rusa.

Desconcertado, Gogol argumentó que su objetivo había sido «acumular todas las malas de Rusia y reírse de ellas». La comedia tenía como subtítulo un dicho popular: «No culpes al espejo si tu cara está torcida». Pero de nada sirvieron las disculpas de Gógol, que afirmaba que el verdadero héroe de la comedia era la risa y que la idea de «El inspector general», tenía implicancias religiosas. El nunca pudo superar el hecho de que la comedia se convirtiera en una bandera de triunfo para una parte de la sociedad rusa y en un símbolo de subversión para otra.

Gogol
había tratado de convertirse en actor profesional, pero fracasó en la prueba. Sin embargo, su experiencia en las tablas, ayudó a su percepción a captar el modo en que se construye un personaje, a «escuchar» -como él dice-«su voz interior». Por eso es un deleite para los actores trabajar sobre los personajes de sus piezas.

David Amitín,
en su versión titulada «Rapsodia provinciana», no profundiza en los caracteres y no logra la agudeza que mostró en puestas anteriores. El resultado es confuso y sólo algunos de los personajes quedan claramente delineados.

Jorge Ochoa
compone con justeza al alcalde vulgar y codicioso y Daniel Toppino acierta en los rasgos del frívolo funcionario que aprovecha la confusión para sacar ventajas.

Patricia Gilmoure
se transforma, por su soltura y seguridad en el personaje protagónico, con su composición de la inmoral esposa del alcalde y Lucrecia Oviedo otorga gracia a la despistada hija, seducida por el falso inspector.

La historia y los personajes no están muy alejados de nuestra realidad: las coimas y los fraudes crean entre todos los funcionarios una complicidad de la que se aprovecha el advenedizo inspector. Más allá del guiño que significa incluir la melodía de Ginastera al final de la pieza, podría haberse trasladado la acción al tiempo actual, cambiando sólo los nombres y el lugar, ya que se trata de una versión y no de la obra original. Aunque la obra de Gogol, como toda creación perdurable, conserva aún hoy, toda su vigencia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar