El luminoso autorretrato «El pintor y su sombra», realizado
por Carlos Gorriarena en 2006, poco antes de su muerte,
abre la muestra-homenaje del Museo de la Universidad de
Tres de Febrero.
Vale la pena llegar a Caseros y cruzar el árido paisaje de cemento, para ver las pinturas de Carlos Gorriarena que se exhiben desde la semana pasada en el Museo de la Universidad de Tres de Febrero (Muntref). Al ingresar a las salas se descubre su alegría esencial. La muestra se abre con un autorretrato donde aparece el artista de cuerpo entero y rodeado de flores, «El pintor y su sombra», realizado en 2006, poco antes de su muerte.
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Pintor por excelencia, Gorriarena, murió el verano pasado a los 82 años y pareciera dejarnos en esta obra una reflexión sobre su quehacer.
Sobre un muro color rojo vibrante con unas flores amarillas que recuerdan las de Matisse, se recorta una ventana abierta al cielo donde se apoya el artista, que pensativo mira al espectador. La sombra del artista sobre el reflejo de la ventana en primer plano replica la imagen central de la obra y acentúa el fenómeno secular: el cuadro, como una ventana abierta al mundo y el artista como personaje que a través de los siglos no hace otra cosa más que reiterarlo en la tela. Al avanzar por la sala se encuentra otra pintura, « Empapelado», con la misma ventana, las flores, la sombra y los reflejos, pero esta vez el pintor está de espaldas, adentrándose en la obra.
Periodista ocasional y mordaz cronista de la realidad sociopolítica, Gorriarena transportó a su obra el estilo directo de los medios de comunicación. Durante media centuria con un lenguaje elocuente, tomado de los medios gráficos y del afiche, con su pincelada suelta y sus inconfundibles amarillos, rojos y azules, puso en evidencia lo que suele haber de incongruente, obsceno y grotesco en las imágenes que retratan el poder económico, social y político. Sus cuadros están poblados de burócratas con soberbios atuendos, que se mueven con elegante soltura y ostentan el aplomo de quien se siente infalible para decidir el destino del mundo.
En la muestra hay una pinturacon un grupo de militares de alto rango en una mesa de directorio, «Cuadro histórico» (1982), donde a través del ritmo agitado de las pinceladas que le otorga un carácter cinético a la obra, la escena adquiere movimiento y el tiempo pareciera deslizarse por el cuadro.
Los personajes que transitan por aeropuertos, mesas de directorio y tribunas, tienen un porte severo que no alcanza a ocultar la vacuidad y la sordidez que se pretende ocultar. El tono más dramático de la muestra está dado por «Noche plateada por la luna», una calle donde los cuerpos descuartizados tienen el aspecto de muñecos rotos. Pero el drama se contrarresta en casi todas las obras con el humor. El arte de Gorriarena es político, pero sin golpes bajos y cargado de sutiles ironías.
La muestra, que comienza con las abstracciones de 1960, se completa con una serie de dibujos, entre ellos están los eróticos que recrean la famosa pintura «El origen del mundo» de Gustave Courbet, artista que en 1866 escandalizó al mundo al pintar el sexo femenino. Al descender la escalera, en el subsuelo, se exponen unas estupendas pinturas cargadas de gracia y sensualidad, donde el cuerpo femenino aparece como objeto de deseo del artista.
En el catálogo, de rector de la Universidad, Aníbal Jozami, elogia la curaduría de Diana Wechsler, señala que le hubiera gustado inaugurar la muestra con Gorriarena presente, «con su vitalidad desbordante», pero aclara que lo reconforta saber que él estaba enterado de este homenaje. La trayectoria de este artista tan querido en el ambiente, tuvo su reconocimiento en estos últimos años con los exhaustivos libros que le dedicó la Fundación Mundo Nuevo y, ahora, esta muestra viene para rescatar los aspectos más significativos de su producción.
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