Además de la audacia de romper con toda la tradición
del cine ruso, sorprenden los hallazgos formales de
"Guardianes de la noche".
«Guardianes de la Noche», (Rusia,2004, habl. en ruso). Dir.: T. Bekmambetov. Int.: K. Khabensky, V. Menshov, V. Zolotukhin, M. Poroshina.
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Una película de terror rusa no es lo más común, mucho menos una que luzca tan original y atrevida como para poder ser considerada como un hito del género. Si se la quiere simplificar en dos renglones, «Guardianes de la Noche» no es otra cosa que «Matrix» en versión rusa. Sólo que quien quiera encontrar puntos en común entre este film y cualquier cosa que se le ocurra, sin duda lo logrará, ya que es una película tan exagerada como para alimentar las tesis menos razonables.
El vértigo casi al borde de lo soportable de esta película rindió sus frutos: se convirtió en el mayor éxito de taquilla nacional, superando a todo blockbuster hollywoodense exhibido simultáneamente. Ahora, para nosotros, la velocidad narrativa y locura formal de esta película se puede convertir en un reto tan interesante como la vanguardista lentitud de «Solaris» de Tarkovski. «Guardianes de la Noche» no da tregua, no parte de un concepto demasiado simple, y en ningún momento detiene la temible progresión más y más pesadillesca de cada nueva escena. El resultado es un exceso imposible de describir sin caer en simplificaciones indignas. Lo que no implica que estemos ante una obra perfecta, sino más bien a un exabrupto super audaz e hiperelaborado como para romper con décadas de tradiciones y estilos de cine ruso.
El delirante prólogo medieval intenta explicar algo así como que, luego de una interminable batalla entre las fuerzas de la luz y la oscuridad, promediando el siglo XIV, se pactó una tregua, que podría romperse con algún desequilibrio que preocupa a esa extraña burocracia ultraterrena, que de un lado o del otro siempre parecen estar mezclados en cosas horripilantes al por mayor. Sólo por sus cualidades formales, sus hallazgos técnicos -con un presupuesto ridículo al lado de lo que se hace en Hollywood- y su tenacidad por aportar alguna locura nueva en cada escena, este film es algo que hay que ver. D.C.
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