Aníbal Pachano baila menos que en otros espectáculos
y muestra que la comicidad no es su fuerte, pero «Dominó
» se ve con agrado gracias a la excelente Sandra Guida
y a su atmósfera sofisticada.
«Dominó, el musical» Idea y Dir. Gral.: A. Pachano. Mús. Orig., Arreglos y Dir. Musical: G. Goldman. Int.: A. Pachano, S. Guida y elenco. Coreog.: A. Lavallén y M. Barba. Vest.: M. Rodríguez, P. Fiaño, A. Sans y A. Pachano. Esc.: A. Pachano y D. Panebianco. (Teatro del Globo.)
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El nuevo espectáculo con el que Aníbal Pachano celebra sus 25 años al frente de «Bottom tap» parece inspirado en los elegantes shows del Lido de París.
Obviamente se trata de una producción mucho más modesta y artesanal (el famoso cabaret parisiense invierte varios millones de euros en sus revistas); pero aún así, «Dominó» logra imponer una atmósfera de glamour y sofisticación respaldada básicamente en su vestuario, que incluye algunos modelos exclusivos del modisto Jorge Ibáñez.
La presencia de una gran estrella del musical como Sandra Guida es otro signo de distinción para este show que combina danza, pantomima, acrobacia, canto y humor con desigual eficacia. La intérprete de «Chicago» despliega toda su energía, sensualidad y magnetismo en «Diamonds are a girl's best friend» (un simpático homenaje a Marilyn Monroe), al igual que en el tango « Nostalgias», interpretado a ritmo de jazz y con toda la furia y desolación de un fracaso amoroso. Guida también se luce como comediante en su alocada versión del tema de Björk «It's Oh So Quiet».
«Dominó» se inicia con una seguidilla de números orientales, algunos muy logrados pese a su sencillez, como el baile de sombrillas de «Chinitos», y otros, más convencionales, que remiten vagamente a las culturas japonesa, india y árabe. Los cuadros siguientes recrean ambientes destinados al sexo y al placer, como «Voyeur» o el frenético y subyugante «Can can» de la película «Moulin Rouge».
La primera parte cierra con un grupo de duendes y hadas enredados en una pantomima juguetona, similar en imágenes a algunas puestas de «Sueño de una noche de verano», y a la vez ajena a todo planteo dramático. Esto hace que algunas escenas resulten reiterativas o demasiado estiradas. El espectáculo resulta mucho más atractivo y dinámico en la segunda parte, donde se aprecia una mayor articulación entre los distintos cuadros.
Gaby Goldman creó una atrayente mixtura de ritmos, etnias y autores, si bien en la segunda parte prevalece el tango. Este da lugar a buenos números de baile («La cumparsita») y a situaciones en las que impera el humor, como en «Leonel el feo».
Pachano baila menos que en otros espectáculos suyos, pero no pierde protagonismo. Ahora se lo ve muy abocado a su rol de showman y aunque, a decir verdad, el monólogo cómico no parece ser su fuerte, un buen número de espectadores se ocupa de festejar sus chistes. En contrapartida, resulta muy graciosa su versión -autobiográfica- de «Se dice de mí». Allí se despacha contra sus detractores, defiende el maquillaje y los tacones que usa e incluso amenaza con «salir del closet».
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