13 de febrero 2002 - 00:00

"Hay que acariciar y no atacar al público"

Santiago Doria
Santiago Doria
(13/02/2002) El director Santiago Doria alcanzó su marca récord, al menos en lo que atañe a cantidad de estrenos. El pasado viernes estrenó en el Teatro Del Pueblo (Av. Roque Saenz Peña 943) su cuarto espectáculo de esta temporada.

Se trata de la pieza de Ricardo Cardoso, «Ojos traidores», protagonizada por Mónica Villa y Antonio Ugo. Doria es también responsable de dos espectáculos que se están exhibiendo en los jardines del Museo Larreta (Vuelta de Obligado y Juramento): «Burlón y compadrito» -que incluye textos de Alberto Vaccarezza y Luis Ordaz y una selección de tangos famosos- y el infantil «Dale que te canto» basado en conocidos temas del cancionero popular español.

El circuito se completa con la Revista tanguera «Ardiente y pasional» estrenada en Carlos Paz (Córdoba) con un elenco encabezado por el cantante y bandoneonista Rubén Juárez.

Periodista: En muy poco tiempo reunió dos musicales, un infantil y una comedia dramática ¿Tienen algo en común estos cinco trabajos?


Santiago Doria
: Sí, y yo he llegado a la conclusión de que todos mis espectáculos, tanto para chicos como para adultos, pretenden ser una caricia para el público, sobre todo en este momento en que la gente está tan vapuleada. Yo prefiero darle una caricia que un golpe, porque siempre es mejor despertar a la gente con un beso que zamarreándola.

Esto no es una táctica, es un estilo. Todos los espectáculos que hago, ya sea por la elección de textos o por el grupo de actores, tienen que ver con lo entrañable, con acariciar al publico y hacerlo sentir cómodo y distendido. También me interesa hacerlo pensar, pero siempre desde un lugar en el que se sienta protegido, no atacado.

P.: ¿Podría precisar qué tipo de teatro estaría en las antípodas del suyo?


S.D.:
El de Steven Berkoff (autor de «Decadencia», actualmente en funciones en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín). Es un teatro que no coincide con mi sensibilidad, lo voy a ver y lo aplaudo pero ésa nunca sería mi manera de decirle algo a la gente.

P.: ¿Se refiere a que es un teatro revulsivo, que busca incomodar al espectador, sobre todo desde el lenguaje?


S.D.:
Sí. Mi forma de conmover y de movilizar al público es otra muy diferente.

P.: Por eso eligió a «Ojos traidores», que narra una tierna historia de amor.


S.D.:
Es una historia de amor con gente de la calle que pertenece a este momento histórico, pero es como si fueran la Catita de Niní Marshall y el Felipe de Luis Sandrini. Son dos seres anónimos, de todos los días, esa gente simple que uno se cruza en la calle sin adivinar la ternura que encierran. Son casi cincuentones: ella es planchadora y él, un mozo de restaurante. Poco a poco empiezan a trabar una relación con todos los miedos propios de esa edad. Se resisten a engancharse en algo nuevo y no se atreven a permitirse una vez más el amor. Eso es lo que irá desarrollándose a lo largo de toda la pieza. Es todo un tironeo, cuando ella avanza el retrocede, y cuando él se arrima la que retrocede es ella. Pero al final la obra tiene una salida esperanzada.

P.: El galán se queda con la chica.

S.D.: Bueno, la obra es realmente un bolero, por eso le pedimos a Chico Novarro que nos compusiera un tema especialmente para la pieza. Y nos grabó uno que da título a la obra y que además funciona como leit motiv dentro de ella.

P.: ¿No es un riesgo ocuparse de figuras tan simples y cotidianas, despues del uso y abuso que ha hecho la televisión de soderos, taxistas y tantos otros personajes de barrio?


S.D.:
Tal como están empleados en la pieza no, porque han sido planteados desde un lugar mucho más poético y profundo. Son figuras que te enganchan a otro nivel. No es la simple relación del que va y viene por el barrio. ¡Ojo! Se trata de gente simple pero con un gran mundo interior que te permite ver sus miedos. Además, los miedos de esta gente no son miedos retorcidos, uno se puede identificar con ellos.

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