Georges Simenon «La prometida del señor Hire» (Barcelona, Tus-quets, 2002, 152 págs.)
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Maestro del género y traducido a más de 55 idiomas, Georges Simenon (1903-1989) logró colocar a su principal héroe, el comisario Maigret, entre los detectives más famosos de la novela policial. Creado en 1929, Maigret cuenta con estatua propia en Holanda, mientras que Simenon apenas fue homenajeado -en su Bélgica natal-con un busto y un albergue para la juventud. La reedición de una de sus novelas más psicológicas, «La prometida del señor Hire», permite valorar el talento literario de este autor que debió cargar con el mote de prolífico, siendo uno de los escritores que más contribuyó a a que la novela policial trascendiera su destino pasatista.
Simenon fue muy hábil en la reproducción de ambientes y tipos urbanos, sus historias de crímenes y persecusiones policiales se desarrollan en un mundillo de bares, gente de pueblo y seres marginales. Pero, además, sondeó con extrema lucidez en el mundo interno de sus personajes otorgándoles una sutil visibilidad, aún tratándose de seres herméticos o casi mudos, como el señor Hire. Con su aspecto patético y esmirriado y una presencia tan opaca como silenciosa, este individuo (mezcla de Bartleby y personaje kafkiano) se convierte, de la noche a la mañana, en principal sospechoso de un crimen. La portera de su edificio desconfía de él y convence a la policía de su culpa. Pero Hire es inocente y acepta el pedido de auxilio de Alice, una empleada de lechería que sabe que todas las noches, mientras ella se desviste para ir a dormir, ese hombre anónimo la espía desde su ventana. Hire decide proteger a Alice -no develaremos los motivos-y se deja seducir por ella. Ese error hará que su ordenada vida se rompa en mil pedazos. Simenon deja entrever pocos datos del personaje: origen judío, infancia sin juegos ni alegría y una fugaz condena penitenciaria por vender literatura pornográfica. Poco a poco va surgiendo la certeza de que, en realidad, son los prejuicios los que hacen que este individuo tímido, escurridizo y de conducta inquietantemente silenciosa, pase de sospechoso a chivo expiatorio.
«La prometida del señor Hire» puede ser leída como una simple novela policial, pero su transfondo moral hace que todo el interés recaiga ya no en la víctima o en su asesino, sino en ese tercer individuo que -por «diferente»- termina siendo depositario de los rasgos más enfermizos de una sociedad hipócrita y perversa. La novela tuvo su versión cinematográfica («Monsieur Hire») en 1988, dirigida por Patrice Leconte y con Sandrine Bonnaire interpretando a la traicionera Alice.
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