11 de octubre 2002 - 00:00

Imre Kertész ganó el Nobel de literatura

La Academia Sueca premió ayer por primera vez a un escritor húngaro y, también por primera vez, a un autor que dedica toda su obra a revisar sus terribles experiencias bajo el nazismo y bajo la censura a los intelectuales que impuso el comunismo en su país. Kertész, un autor selectivo, poco popular, construye su memoria del horror de forma innovadora, mezclando testimonio con ficción y rechazando toda sensiblería.

Imre Kertész
Imre Kertész
Imre Kertész, de 72 años, sobreviviente de Auschwitz y luego marginado en su país con el advenimiento del comunismo, se convirtió ayer en el primer escritor húngaro galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Un eje central recorre toda la obra de este destacado novelista, ensayista, poeta, periodista, traductor, guionista de cine y dramaturgo: la búsqueda de una explicación a la monstruosidad humana a partir de los horrores que vivió bajo los dos mayores totalitarismos del siglo XX.

La Academia Sueca otorgó a Kertész el Nobel, dotado este año de un millón de dólares, por «una obra que expone la experiencia frágil del individuo contra la arbitrariedad bárbara de la historia» y que «examina la posibilidad de vida y de pensamiento indivualidad, en una época en la que los hombres están casi totalmente supeditados al poder político». Es la primera vez que la Academia Sueca elige a un escritor que tiene la crítica del Holocausto como fundamento de toda su obra (su único antecedente sería el premio a Nelly Sachs en 1966, y su gran falta el no habérselo dado a Paul Celan). Al mismo tiempo, como en los últimos años, se decide por un autor de calidad, selectivo, poco popular, de un notable trabajo estilístico y que ofrece un aspecto innovador, un manejo transversal de los géneros, haciendo que el testimonio personal se convierta en literatura, mezclando novela y ensayo.

Nacido en Budapest el 9 de noviembre de 1929, y de origen judío, Kertész fue deportado a los 15 años, en 1944, al campo de exterminio nazi de Auschwitz, en Polonia, y luego trasladado al de Buchhenwald, en Alemania, de donde fue liberado en 1945, luego de la capitulación del Tercer Reich. Al regreso a Budapest comienza a trabajar como periodista del «Vilagossag», pero es despedido tres años más tarde, cuando ese diario se convierte en órgano del partido Comunista.

Por su individualismo, por ser un intelectual y por «proceder de una familia pequeño burguesa», se vuelve sospechoso para el régimen. Esa segunda marginación le revive lo padecido en el Holocausto. Escribe para vivir «un poco de todo», de guiones de radio a vodeviles, hace traducciones de Nietzsche, Elias Canetti, Ludwing Wittgenstein, Sigmund Freud. La situación reinante hace que recién a los 47 años, en 1975, publique su primera novela «Sin destino», que es silenciada por la rígida censura imperante en su patria, que ve en la descripción del totalitarismo nazi, en la ausencia de libertad, en el testimonio de las arbitrariedades, una metáfora de lo que ocurre en la Hungría comunista.

Sólo luego de la caída del Muro de Berlín, «Sin destino» es reconocida por la crítica y los lectores, se publica internacionalmente, pasando a ser considerada una obra maestra, para muchos críticos la mejor novela jamás escrita sobre el holocausto y una de las más grandes obras europeas de la segunda mitad del siglo XX, y conquistando los más importante premios.

Kertész
, que sostiene que «las dictaduras convierten a las personas en niños», cuenta en «Sin destino» el año y medio de vida del adolescente Györk Köves en los campos de concentración nazis con ironía y sin caer nunca en ese sentimentalismo «que tanto perdomina en quienes tratan el genocidio realizado por Hitler, como por caso cuando Steven Spielberg confunde a la gente con lo que se vivió en el Holocausto en 'La lista de Schindler'», dijo recientemente el escritor. Descontando que el lector sabe de qué se habla y que en el final sobrevivirá el protagonista, Kertész se dedica a documentar las transformaciones que va sufriendo Györk, un muchacho siempre optimista, dado a ver el lado bueno de la vida, que utiliza cualquier situación para mantenerse contento en medio del horror.

Para Kertész no sólo hay un cuestionamiento de la conducta totalitaria sino también de la de aceptación.

•En español, poco

El camino iniciado con «Sin destino» fue seguido por «Fracaso» y «Kaddish por el hijo no nacido», convirtiéndose en una admirable trilogía. En «Kaddish», el protagonista de «Sin destino», el sobreviviente del holocausto, reza al estilo judíio para que no nazca un chico en un mundo que ha permitido horrores como los de Auschwitz. Es una obra de largas frases que comienza con una rotundo grito de «No».

De la veintena de obras de
Kertész se puede encontrar en castellano sólo tres «Sin destino», «Kaddish por el hijo no nacido» y los ensayos de «Un instante de silencio en el paredón», pero aun éstas son muy difíciles de hallar en la Argentina luego de que casi se dejaran de importar libros de España. Su obra más reciente es «Liquidación» donde recuerda, en esa mezcla de géneros que es su sello personal, la etapa comunista en Hungría.

Imre Kertész
recibirá el premio Nobel el 10 de diciembre, como siempre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel, ocurrida en 1896.

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