31 de octubre 2003 - 00:00

Inhabitual Chejov en el San Martín

Hugo Urquijo
Hugo Urquijo
"Dirigir 'Platonov' es la realización de un sueño", dice el director Hugo Urquijo, quien pese a haber llevado a la escena a grandes autores del teatro universal -entre ellos Tennessee Williams, Samuel Beckett, Harold Pinter o Bernard Shaw-, hasta ahora no había tenido ocasión de dirigir ninguna de las obras largas de Anton Chejov.

Su versión de «Platonov», basada en la adaptación del dramaturgo británico David Hare, subirá a escena esta noche a las 20.30 hs. en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. El elenco está integrado por Jorge Suárez, Beatriz Spelzini, María Socas, Gustavo Böhm, Silvina Bosco, Carlos Portaluppi, Alejo García Pintos, Daniel Tedeschi, Francisco Nápoli, Carlos Weber, Natalio Hoxman, César Vianco, Max Berliner, Nya Quesada, Inda Lavalle y Emiliano Estevanez. La iluminación pertenece a Eli Sirlin y el vestuario y la escenografía a Marta Albertinazzi.

Periodista: El ambiente de desencanto, trivialidad y corrupción que impera en la obra la acerca mucho a nuestros días.

Hugo Urquijo: Sí. Yo creo que hay una fuerte correspondencia entre aquella época y la nuestra porque ambas coinciden en un final de era, con valores que se han hecho añicos y un futuro que todavía es incierto. Eso le ha devuelto a la obra una gran actualidad, de hecho en los últimos 4 o 5 años se ha representado mucho. La versión que yo tomé es la de David Hare, el guionista de «Las horas» (el tríptico sobre Virginia Woolf que protagonizaron Nicole Kidman, Meryl Streep y Julianne Moore) porque esta obra no se puede hacer sin dramaturgia, resultaría muy farragosa.

P.:
¿Cómo tomó contacto con esta obra?

H.U.: Yo me enamoré de ella en los '80 cuando vi en cine «Pieza inconclusa para piano mecánico» de Nikita Mijalkov, que sólo toma los dos primeros actos de «Platonov» pero logra un producto auténticamente chejoviano, pleno de vitalidad.


P:
¿De cuándo data su afición por Chejov?

H.U.: Amo a Chejov desde chico. El primer libro de teatro que compré, a las 14 años, fueron sus obras completas traducidas por Galina Tolmacheva. Mis padres eran muy teatreros y siempre me llevaban al teatro independiente. Todavía recuerdo la versión de «La gaviota» que se hizo en el teatro La Máscara, en 1954 y también la que hizo Atahualpa del Cioppo en el IFT con Cipe Lincovsky en 1959. Además, yo debuté en la dirección con una adaptación de algunos de sus relatos e incluso hace dos años dirigí a Franklin Caicedo en «El canto del cisne», pero este es el primer Chejov largo que me toca dirigir. Siento que estoy cumpliendo el sueño de toda mi vida.


P.:
Y además hace de Chejov en «Mis manos en tus manos» junto a Graciela Dufau ¿Fue una casualidad?

H.U.: Sí. Descubrí la obra en París, en enero de este año, y cuando vi que estaba
inspirada en la correspondencia entre Chejov y su mujer, la actriz Olga Knipper, enseguida quise hacerla. La obra sigue en cartel, en Andamio '90, los domingos a las 21.


P.:
¿Por qué tanta afinidad con Chejov?

H.U.: Me conmueve su humanismo, la piedad infinita que tiene por el ser humano, sin maniqueísmos y admitiendo sus contradicciones. Para él no hay buenos ni malos y esto hace que confluya en algo que tiene que mucho que ver con mi otra profesión de psicoanalista. A los personajes de Chejov los mueve una fuerza que ellos mismos no comprenden. Platonov mismo se pregunta todo el tiempo ¿qué estoy haciendo? ¿qué hice? Ahí hay una conciencia muy lúcida de la contradicción humana. Tanto Chejov como Freud vivieron en una época de gran preocupación por las capas subterráneas del ser humano y sus zonas oscuras.


P.:
Hay quienes comparan a Platonov con la figura del Don Juan.

H.U.: Me parece una comparación superficial que se limita a la anécdota. Porque si él es un Don Juan lo es a pesar suyo. Es cierto que las mujeres caen a sus pies, pero después no sabe qué hacer con eso porque ni siquiera se trata de una seducción consciente. Puede que el personaje resulte seductor en ese medio provinciano, chato, cargado de ociosidad y vulgaridad, porque tiene otra cabeza y otros anhelos, por eso se destaca tanto del resto.


P.:
Aún en medio de su confusión, Platonov actúa como un tábano sobre los demás. Incluso declara: «Yo no estoy para hacer cosas sino para impedir que otros las hagan».

H.U.: Es un tábano, sí, pero que molesta allí donde observa hipocresía, ociosidad, vulgaridad, mediocridad y corrupción. Es muy curioso el doble espejo que se produce, porque para los demás él es una especie de sol negro donde todos ven cristalizados sus temores y frustraciones. Pero también los demás son para él espejos deformantes. Platonov ve reflejado en ellos aquello que él no pudo realizar.Y aquí aparece el gran tema de Chejov: los anhelos no realizados.


P.:
¿Para un director es una ventaja ser psicoanalista?

H.U.: Sí. Pero es un plus como lo sería cualquier desarrollo en el campo de la cultura. Yo creo que el trabajo del director es tan complejo e inabarcable que si uno pensara en términos de carrera universitaria, tendría que durar por lo menos unos diez años.

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