10 de octubre 2002 - 00:00

Inquieta la pintura de Andrés Waissman

Andrés Waissman (1955) ha desarrollado una iconografía reconocible, desde sus espacios paradojalmente habitados y desolados de 1997, paisajes en los que se intuía el mar, los barcos abandonados, campos de batalla con formaciones listas para el combate o multitudes de seres anónimos en un supuesto estadio, situaciones dramáticas a través de negros empastes, grises y ocres.

Fervoroso creyente en la posibilidad de la pintura como espacio de reflexión y principal-mente de acción, Waissman hace del arte un arma. Sus metáforas pictóricas que aludían a desplazamientos, a la expulsión del hombre que no encuentra su destino por medio de una materia intensamente trabajada, se ven acentuadas en su presente exposición en la galería Sara García Uriburu.

«Final del Imperio»
muestra como protagonistas excluyentes a esas muchedumbres a la deriva reducidas a pinceladas casi puntillistas que se desplazan por toda la superficie con una paleta más luminosa pero no menos dramática en cuanto a contenido. Invita a preguntarse si Waissman es optimista cuando pone a sus multitudes en esa luz dominada por blancos; si éstos encontrarán finalmente su destino, su identidad, o si enciende esa señal de alerta para que reaccionemos, para que no desviemos nuestra atención y nos convirtamos en una humanidad de desplazados.

«Los Alfabetos Perdidos»
, un lenguaje que deberá ser descifrado, obras de pequeño formato, completan esta exposición que clausura a fines de Octubre. Uruguay 1223.

•Alejandra Roux
(1964) vive en Madrid desde hace 13 años. Es muy probable que las enseñanzas de su padre, Guillermo Roux, Augusto Torres y Julio Alpuy, discípulos de Torres García además de la frecuentación directa de los clásicos en museos europeos, hayan conformado en ella un compromiso con la gran pintura.

Hasta el 31 de Octubre expone en Galería Rubbers (Suipacha 1175) 16 pinturas y algunos collages. En estos últimos, realizados recientemente, se desprende de la exigencia y el rigor que caracterizan a sus óleos. Más allá de la profundización de la técnica pictórica, se destacan por la ajustada composición, atmósfera y voz queda. Alejandra Roux crea un sistema de representación de un espacio ficticio así sea su visión de «Nuestra Señora de las Maravillas» a la que dota de ciertas connotaciones metafísicas, o «Grupo», compuesto por unas vasijas que dominan la escena, elementos de significación en la historia del arte. Aunque muy transitados, aún constituyen un desafío para aquel que, como en este caso, no pinta solamente la anécdota sino la idea «vasija».

«Belle Vue»
(2002), es un ejemplo de ese espacio ficticio, una construcción renacentista como fondo y otros elementos clásicos de taller, jarra, cabeza y jarrón con flores secas, un montaje donde impera el silencio. Frente a sus obras, el tiempo fugaz e inasible, parece detenerse y coincide, como lo señala el filósofo español Francisco Jarauta en el prólogo «con la ilusión de eternidad que el arte a veces sueña».

Por iniciativa de Jordi Font, director del Casal de Catalunya (Chacabuco 863), se reinician las actividades de su Centro Cultural con una serie de exposiciones que abarcarán todas las vertientes de las artes plásticas. En la primera etapa el protagonismo lo tendrá el dibujo. Se exhiben obras de Carlos Carmona, Jorge Garnica, Fernando Martínez, Miguel Melcom, Jorge Meijide, Hilda Prados, Armando Sapia y Jorge Gualdoni, curador permanente de las muestras.

Estos artistas de vasta trayectoria, ganadores de importantes premios, representan expresiones muy variadas de una disciplina inherente al hombre -siempre se dibuja-que en nuestro medio ha dado ejemplos notables .

En una época de euforia tecnológica en la que el arte parece estar dominado por lo instantáneo, la velocidad, la inmediatez, es importante detener la mirada en el trabajo de artistas cuya constante es ejercer, a través de un gesto sobre el papel, una visión crítica, apasionada, de la realidad.

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