11 de septiembre 2006 - 00:00

Interesante, pero no para tangueros

Interesante, pero no para tangueros
«Narcotango 2". Carlos Libedinsky. Unión de Músicos Independientes.

El tango se sigue debatiendo entre ser un género de museo, reservado a las recreaciones más o menos tradicionalistas y a las reediciones de viejos materiales, o encontrar novedades estilísticas y discursivas que le permitan una proyección a futuro. Después de las ya lejanas reformulaciones que hicieran artistas como Astor Piazzolla, Eduardo Rovira, el «Tata» Cedrón u Horacio Salgán hace varias décadas, es muy poco lo nuevo que ha sucedido. Y en todo caso, la única posibilidad de desarrollo parece estar, por el momento, en la aplicación de la electrónica. No son pocos los que han sacado buen partido de esa búsqueda, en tiempos en que el tango hace furor en todo el mundo y la industria de la músicano encuentra mayores sorpresas creativas. Seguramente, los casos más notorios en materia de repercusión son los de Gotán Project, del argentino radicado en Francia, Eduardo Makaroff, y «Bajofondo Tango Club», del argentino radicado en Estados Unidos, Gustavo Santaolalla.

Pero existen otros intentos, desde luego, y el de Carlos Libedinsky quizá sea de lo mejor trabajado. Seguramente, un tanguero tradicional tendrá dificultades para encontrar su música favorita en este tipo de propuestas. Y, para ser estrictos, debería decirse que Narcotango está mucho más cerca de la música electrónica de discoteca que del género rioplatense. En todo caso, lo más tanguero está en el «aroma» suburbano que ronda todo el disco y en la utilización de instrumentos acústicos (bandoneón, violín, batería, percusión, piano, contrabajo) y en la voz de Rosana Laudani, que se suman, por supuesto, a los sonidos extraídos de los diferentes sistemas digitales.

R.S.

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