29 de abril 2008 - 00:00

"Iron Man"

La actuación de Robert Downey Jr. como un superhéroe más humano que tecnológico ya justifica la visión de «Iron Man», film que adapta la historieta de la Marvel al fin de la era Bush.
La actuación de Robert Downey Jr. como un superhéroe más humano que tecnológico ya justifica la visión de «Iron Man», film que adapta la historieta de la Marvel al fin de la era Bush.
«Iron Man» (EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: J. Favreau Int.: R. Downey Jr, T. Howard, G. Paltrow, J. Bridges, S. Toub, L. Bibb, B. Smitorvich.

El mejor efecto especial en «Iron Man » es la actuación de Robert Downey Jr como el millonario que, cansado de lucrar con las guerras, decide luchar por la paz dentro de un traje robótico capaz de enfrentar cualquier ejército. El superhéroe de la primera película íntegramente producida por el sello de comics Marvel, encontró en el actor famoso por los excesos en su vida personal un resorte perfecto para adaptar una de sus historietas mas políticamente incorrectas al fin de la era Bush.

Un breve y brillante prólogo lo explicatodo: en pleno frente de batalla de la guerra de Afganistán, el millonario Tony Stara se toma un whisky atravesando el desierto en un vehículo militar, y mientras le cuenta a la tropa la verdad detrás del mito de que se acostó con todas las chicas calendario Playboy del año, un ataque talibán los vuela a todos en pedazos. Un flashback retrodece brevemente en el tiempo para mostrar la rutina del moderno Howard Hughes haciéndose más y más rico gracias a la guerra y los contratos con el ejército.

Una vez secuestrado por los talibanes -o una versión historietística de ellos- Stara es obligado a fabricarles su mayor arma en una cueva. El protagonista retoma su fibra más talentosa y se les escapa metido dentro de una armadura de acero, convertido en el Iron Man primitivo más parecido a cualquier cosa salida de un serial de 1940 que al diseño de un arma secreta para una película fantástica del siglo XXI.

Justamente, lo que más sorprende de esta excelente sátira política es lo bien que funciona, cuando no tiene muchos puntos de contacto con la típicia película de superhéroes de historieta. En especial todo el primer tercio del film, con Stara en Afganistán, es un hallazgo que convierte a «Iron Man» en una de las versiones más audaces y originales de un comic de Marvel.

La transformación de Downey Jr en un pacifista con corazón luminoso, que lucha por la justicia enfrentando a los terroristas que matan mujeres y niños con las armas que él mismo fabricaba, es un chiste que sólo se sostiene por el talento para la comedia negra del actor, quien como fan de toda la vida del personaje de la Marvel supo darle a Stara el tono exacto capaz de dotarle de humor y carisma a un personaje más pétreo que el robot en el comic original.

Stan Lee hace uno de los cameos más divertidos de la larga tradición de apariciones especiales en las adaptaciones de sus historietas. Más seriamente, aquí arma un argumento capaz de ubicar todos los modelos y prototipos del Hombre de Hierro, y los hace luchar entre sí al mejor estilo Robocop, en decorados que, incluso, están diseñados por los mismos dibujantes del comic original.

El director Jon Favreau tuvo la capacidad de dejar que todos estos elementos cobren encanto potenciándose mutuamente, y liberando a Downey Jr en diálogos obviamente improvisados de un modo inusual para una superproducción con robots voladores y explosiones de todo tipo y calibre. Casi se podría decir que el énfasis está puesto en todo momento en el factor humano y no en el técnico, al punto de que los actores coprotagónicos -brillantes Gwylneth Paltrow y un irreconocible Jeff Bridges-, son efectos especiales a la altura del insuperable Tony Stara encarnado por Robert Downey Jr.

En síntesis, un Hombre de Hierro mucho más humano de lo que se podía esperar, en una película que tiene algo para ofrecerle a todo tipo de público.

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