20 de junio 2002 - 00:00

Julián Agosta expone esculturas pasionales

Julián Agosta (1935), Gran Premio de Honor del Salón Nacional de 1991, ha instalado sus esculturas en el espacio de Galería Palatina, no como mero muestrario de su labor última, sino como invitación a participar del diálogo que ellas establecen entre sí. Son nueve esculturas de pequeño tamaño, desde «Pequeño Invasor» hasta «Aparato para destruir invasores», títulos en los que irónicamente alude a su sentir respecto a los avasallamientos cotidianos en el plano político, social y cultural que sufre en su carácter de hombre-artista argentino.

Pero Agosta está muy lejos del panfleto o la denuncia. Lo que sí enfatiza es el contenido pasional que revelan, por ejemplo, las obras pertenecientes a las «Siete Vergüenzas», alusión a los pecados capitales, inspiradas en la lectura del Popol-Vuh, libro del tiempo para los kiché, indígenas que habitaron el Ecuador.

De gran oficio, un verdadero maestro en el ensamble de cóncavos y convexos, en la armonización de lo plano con lo curvo, en la elegancia y refinamiento de las pátinas sobre la chapa de hierro, Agosta ha logrado en estas series, una depuración de la imagen, quitando lo que ahora considera superfluo. Sin embargo el juego de los volúmenes, la irrupción en el espacio de ciertos elementos que las vuelven más aéreas, ha enriquecido su lenguaje. Vitales, casi humanas, imponen su presencia porque llevan en sí la conmoción interna del artista.

Para Agosta, el arte es un hecho que nace en el individuo, en lo más íntimo de su espíritu y, como lo señalaba el filósofo Abraham Haber, el arte se universaliza cuando el lenguaje individual llega a hablarle a otro ser. A medida que la herramienta, cualquiera sea la que utilice, corta, dobla, perfora, forja en su afán por dominar al hierro, Agosta corporiza un mundo de símbolos, signos, códigos, en comunión con sus sentimientos y experiencia vital.

«Los Narcisos», otra de las series presentadas, completa esta importante exposición de esculturas enraizadas en la estética constructivista entre cuyos postulados, aún válidos, están el rigor formal, el equilibrio y la libertad. Pero lo más importante es que Agosta considera a la obra de arte como contenedora de creencias. Clausura el 24 de Junio. Arroyo 821.

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