"K-PAX"

Espectáculos

«K-Pax» (EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: I. Softley. Int.: K. Spacey, J. Bridges, A. Woodward, D.P. Kelly, M. McCormak, C. Ferrell.

Kevin Spacey dice ser un visitante del espacio exterior. No necesita otro equipaje que unos anteojos oscuros ya que la luz de la tierra es muy fuerte para un habitante del lejano planeta K-Pax. Pero lo que sí trajo el extraterrestre Prot es una pesada carga: una larga lección de vida, que debe digerir el psiquiatra del manicomio donde lo internaron por chiflado.

Como ya hace tiempo hizo de «Starman», ahora le tocó a Jeff Bridges hacer el papel de Lorenzo Quinteros en esta curiosa, simpática reelaboración de «Hombre mirando al Sudeste» de Subiela, quien ya había sido «homenajeado» por Richard Gere en la floja comedia «Mr Jones», limitando el parecido a la escena en la que Hugo Soto reemplazaba al director de una orquesta.

Comparaciones

Comparar a esta película de Iain Softley y el clásico argentino de los '80 aporta un interés adicional: los tres primeros actos de «K-Pax» guardan una asombrosa similitud con el film nacional, ya que no sólo se mantiene la ambigüedad acerca del origen alienígeno del personaje de Spacey, sino que la estrecha relación, paulatinamente más y más personal, que entabla con su psiquiatra hacen que el parecido sea notable.

Luego el argumento deriva en otra dirección, incluyendo una mayor interacción entre
Prot y los demás pacientes, a lo que se suma un toque científico con algunos conocimientos astrofísicos del presunto marciano, más una sorpresiva vuelta de tuerca en la que Bridges busca un pasado terrenal y traumático de su paciente. Más allá de que algunos diálogos son un poco insulsos en sus intenciones aleccionadoras, las buenas actuaciones de los dos protagonistas y los cambios de ritmo ayudan a que «K-Pax» se deje ver amablemente. La mayor sorpresa es la brillante actuación de David Patrick Kelly como el primer enfermo convertido en bienhechor por Prot, todo un canto al amor y la amistad tratándose del temible villano de films tan duros como «The Warriors» de Walter Hill. Ante este cambio, no queda más remedio que aceptar las enseñanzas de Prot, que quizá incluyan alguna letra chica sobre temas de derechos intelectuales y otras yerbas.

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